Según informa la agencia Efe, los líderes europeos pusieron esta cifra sobre la mesa a modo de golpe de efecto para intentar desbloquear las negociaciones de Copenhague (Dinamarca) y reavivar el espíritu de la cumbre en la que muchos ya dan todo por perdido, pero aún no ha concretado cuánto aportará a partir de 2020, una de las cuestiones más polémicas.
El Consejo Europeo recalcó que está dispuesto a aumentar el recorte de sus emisiones en 2020 del 20 al 30 por ciento, pero para ello sigue esperando a que otros países hagan esfuerzos equivalentes. El anuncio de hoy sobre la ayuda a los países en desarrollo "será bueno para lograr un compromiso en Copenhague", consideró en rueda de prensa al término de la cumbre el primer ministro sueco, Fredrik Reinfeldt, cuyo país ejerce la presidencia de turno de la Unión.
Sin embargo, no está claro que una concesión para sólo tres años vaya a tener tanto impacto, entre otras cosas, porque ya hay voces que acusan a la UE de estar ofertando un dinero que no es nuevo y podría proceder de fondos ya comprometidos para ayuda al desarrollo.
Los Veintisiete no han especificado la procedencia de los fondos, pero el presidente francés, Nicolás Sarkozy, aseguró que "el objetivo" es que todo ese dinero sea financiación nueva. La presidencia sueca de turno de la UE confirmó que todos los países de la Unión y la Comisión Europea (CE) contribuirán a la financiación anunciada hoy, a pesar de no estar obligados a ello.
El hecho de que todos los países del bloque, incluso los más débiles económicamente, aporten algo a la suma total está también cargado de simbolismo y deja claro el objetivo estratégico de la Unión, empeñada en recuperar credibilidad y liderazgo en la lucha internacional contra el calentamiento global.
La UE calcula que la aportación del conjunto de países industrializados debe situarse entre 5.000 y 7.000 millones de euros al año para 2010-212, pero hasta ahora se había limitado a decir que los europeos contribuirían a ese total "de manera justa".
La Comisión Europea había calculado en septiembre que los Veintisiete deberían aportar entre 500 y 2.100 millones anuales, pero confiaba en superar esta horquilla. "Es más de lo que esperábamos", reconoció el presidente de la CE, José Manuel Durao Barroso, quien destacó que esta financiación es "muy importante para los países pobres" porque "su futuro depende de acciones inmediatas".
En materia de reducción de emisiones de dióxido de carbono (CO2), la UE dejó escapar otra cumbre sin mover ficha a la espera de lo que hagan otros países como Estados Unidos. La UE reiteró una vez más su ya conocido compromiso de recortar sus emisiones en 2020 un mínimo del 20 por ciento con respecto a los niveles de 1990 y de alcanzar el 30 por ciento si otros países industrializados se comprometen a reducciones equivalentes y las naciones en desarrollo se muestran dispuestas a limitar sus niveles de CO2.