Después de ver la devastación que causó el Tsunami en Tailandia, el cantante Ricky Martín empezó a construir casas para las víctimas que se terminaran el 12 de diciembre. Este acto es parte de la labor que realiza desde hace seis años en favor de niños que sufren abusos, desplazamientos y marginación.
"Al evaluar las consecuencias de aquella catástrofe concluí que lo más grave serían todos esos niños que se quedaron sin hogar y se convertirían en presa fácil de traficantes y abusadores sexuales. Por eso decidí construirles una casa". Pero no lo hace por trascender. Ese es un asunto que deja a la popularidad de sus canciones: "Si se escribiera un libro de la historia de la música, por lo menos un parrafito se dedicaría a Ricky Martín", asegura el boricua. Ha sido un periodo difícil: "Es frustrante que después de este tiempo, las cifras de tráfico de personas siga creciendo. Hoy es la tercera industria que más ganancias genera a nivel mundial: 25 mil millones de dólares. He hablado con víctimas y con activistas sociales que me dicen: "Tú que tienes el poder, ayúdanos a difundir estas aberraciones". Y así lo hago".
El cantante declaró: "Me gustaría trascender como el Ricky Martín que educó sobre la cultura latinoamericana. Eso he hecho en 10 años porque al viajar por el mundo me percaté de la gran ignorancia sobre nuestros pueblos. Hay países donde creen que todo es mariachi desde México hasta la Patagonia".
El puertorriqueño dice que a través de sus entrevistas con la prensa de otros países le ha hecho saber al mundo que no todo en Latinoamérica son charros: "Debemos pensar que en México hay 700 culturas unidas por un mismo idioma (sic)".
El Universal
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