Con la temporada alta, enero a abril, en el pasado, los torniquetes dominicanos han registrado poco más de la mitad de esa cifra, para decepción de empresarios y del fisco.
Junto a las remesas y las zonas francas, la industria sin humos es uno de las primeras fuentes de ingresos en moneda fuerte de esta isla, víctima este año de varias tragedias naturales y sus secuelas.
Otros factores como la inseguridad ciudadana, las cargas impositivas, descuido del entorno y los altos precios asimismo han pesado de manera negativa en las aspiraciones de la Secretaría de Turismo.
La situación pareció mejorar en septiembre pasado, cuando 182 mil 276 visitantes extranjeros entraron por las terminales aéreas, casi ocho mil más que el mismo mes del año anterior.
Sin embargo, la experiencia de esas personas fue como para olvidar debido al paso del ciclón Dean que sin ser devastador obligó a cientos de personas a extender su estancia más allá de lo planeado por la suspensión de vuelos.
Desde entonces la situación empeoró debido al azote a fines de octubre de Noel, la tormenta que nadie tomó en cuenta y que sumió a República Dominicana en la crisis.
Un estudio afirma que el 95 por ciento de los visitantes no residentes son de clase media trabajadora los cuales se desaniman cuando constatan que los precios en esta isla caribeña son tan altos como en sus países (Prensa Latina).