El control continuo al que la torre viene siendo sometida permitió verificar que el monumento se dejó de mover, gracias al proyecto de asentamiento que terminó en 2001 y que permitió que se enderezara lentamente, en dirección norte.
Las obras de contención se volvieron necesarias cuando, en 1993, la parte superior de la Torre de Pisa llegó a alcanzar una diferencia de más de 4,47 metros con respecto a la base, lo que llevó a considerar el peligro de que se derrumbara.
El proyecto constituyó en extraer toneladas de tierra por debajo de la torre del campanario, en el lado opuesto a la inclinación, para que el edificio, de 14.500 toneladas de peso y 55,86 metros de altura, cediese y se asentase.
Los trabajo de restauración duraron más de 11 años y se invirtieron 27 millones de dólares.