Construido en 1942 bajo supervisión de Albert Speer, arquitecto predilecto de Hitler, el bunker de concreto macizo llegó a dar protección a tres mil personas en una sola vez, durante los bombardeos de los aliados a la capital del Tercer Reich.
Comprado en 2003 por un coleccionista de arte, el lugar pasó por años de reformas para albergar obras de artistas contemporáneos de renombre.
El predio pasó por diversas funciones en las últimas décadas. Con el fin de la guerra, fue utilizado por los soviéticos para encarcelar a criminales nazis. Durante la era comunista, a partir de la década de 1950, fue usado por el gobierno de Alemania oriental como almacén de frutas tropicales.
Las gruesas paredes y el sofisticado sistema de circulación de aire, garantizaron una temperatura ideal para conservar los vegetales importados del extranjero. Fue en esta época que el predio ganó el nombre de “bunker de las bananas”
Con la caída del Muro, el ambiente lúgubre sirvió de escenario para concurridas fiestas rave y de temática sado-masoquista promovidas por un boliche tecno.
ExcéntricoAl adquirir en 2003 el inmueble para albergar su colección de arte, el empresario Christian Boros, de 43 anos, dueño de una agencia de publicidad en la ciudad de Wuppertal, al oeste de Alemania, fue tachado de excéntrico.
La reforma del bunker derrumbado por el patrimonio histórico en un espacio de exhibición para su acervo de más de 500 obras e 57 artistas contemporáneos parecía una tarea imposible.
La transformación del monstruo de concreto (con estrechas ventanas, de interior oscuro y húmedo), en une espacio para las artes fue planeada para llevarse a cabo en 18 meses, pero se extendión por casi cinco años.
A pesar de las dificultades, Boros no se intimidó. “Las cosas fáciles de conseguir nunca me interesaron”, afirma el publicitario.
Él comenzó a coleccionar arte a la edad de 18 años. La primera adquisición fue una obra del artista alemán Joseph Beuys. “Mi padre me dio dinero para un carro, y resolví comprar arte”, recuerda.

Para ampliar el espacio interior, los arquitectos contratados por Boros redujeron el número de cuartos de 120 a 80. Paredes de denso concreto armado de hasta tres metros de espesura fueron derribadas, con ayuda de equipos sofisticados como sierras con láminas de diamantes.
Algunos detalles que cuentan la historia del bunker fueron mantenidos. Permanecieron las marcas de bala en la fachada, consecuencia de las batallas de la Segunda Guerra Mundial.
Playground particularEn el ático, Boros mandó a construir un sofisticado apartamento de mil metros cuadrados, con estructura de metal y vidrio, con dirección a un amplio jardín y piscina
En este lugar él pasa los fines de semana con su familia, disfrutando del panorama privilegiado de los tejados de Berlín. “Es un paseo placentero a diario por la colección. A veces con una copa de vino tinto, a veces vistiendo sólo ropa de baño”, cuenta.
La idea de Boros es mostrar cada año diferentes combinaciones de su acervo. La primera exposición sigue la temática de “Luz y espacio” y exhibe cerca de 50 obras de 21 artistas, distribuidas en un laberinto de tres mil metros cuadrados.
Casi todas las piezas fueron instaladas personalmente, a pedido de los autores. La principal estrella de la muestra es el artista danés Olafur Eliasson, que tiene diez trabajos expuestos, entre ellos, instalaciones que juegan con mucha luz y color
La colección está abierta al público solamente los sábados. Los visitantes tienen que registrase con anticipación en una página de Internet para participar de un tour guiado de una hora y media, en grupos de 12 personas. La entrada cuesta 10 euros. (O Globo)