Hu Jintao ordenó detener la campaña de exterminio, atenazado por las más de 60.000 quejas que recibió por escrito y la mala imagen que se está generando en los medios de comunicación extranjeros, señalaron hoy fuentes gubernamentales y líderes del movimiento de protesta.
En los primeros nueve meses de 2006 hubo 2.254 muertos por rabia, casi la mitad de los fallecimientos por enfermedades infecciosas en el país y 30 veces más que en 1996.
La campaña promovía la vacunación de los animales, especialmente en zonas rurales, aunque muchas regiones decidieron aplicar en su lugar el refrán de 'muerto el perro, se acabó la rabia'.
Esto saltó a los medios en agosto, cuando se anunció que en Yunnan (sur) se exterminó a 50.000 perros en una zona rural donde tres personas habían fallecido de rabia, que en chino es conocida como 'kuangquanbing' ('mal de los perros locos').
Similares sacrificios se repitieron en la provincia oriental de Shandong (donde podrían haber muerto 500.000 perros) y en las afueras de grandes ciudades como Shanghai y Nankín, mientras otras ciudades, como Hefei (este), requisaron a los perros más grandes y los llevaron al zoológico.
En Pekín, la campaña se vio acompañada de duras normativas, como la 'política de un solo perro' (orden a las familias de tener sólo un can) y la prohibición de los de más de 35 centímetros de altura.
A la capital no sólo le mueve el miedo a la rabia, sino también mejorar su imagen para los Juegos Olímpicos de 2008, librándola de canes vagabundos.
Organizaciones ecologistas extranjeras protestaron por los sacrificios, llegaron rumores de exterminio de perros callejeros o no registrados y los dueños de mascotas en la capital organizaron a través de Internet una manifestación contra el Ayuntamiento.
La protesta, de 500 personas junto al zoológico, se saldó con incidentes violentos y la detención de unos 15 manifestantes.
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