Según el informe, las existencias de crudo se redujeron en 6,3 millones de barriles, hasta llegar a los 291,7 millones de barriles, muy por encima de la previsión de los analistas, quienes apuntaba a un descenso de 4,4 millones de barriles.
En tanto, los inventarios de gasolina cayeron en 3,3 millones de barriles, y se situaron en los 184,6 millones de barriles, el nivel más bajo desde 1990, mientras que las existencias de destilados se redujeron en 900.000 barriles, a 129,6 millones de barriles; menos de la mitad de lo estimado por analistas.
El paso del huracán Ike afectó varias plataformas en la costa estadounidense del Golfo de México y provocó el cierre de la producción petrolera, lo que se convirtió en el mayor impacto a los suministros de energía desde el 2005. Nuevos ataques insurgentes contra instalaciones petroleras en Nigeria también contribuyeron a que el petróleo se impulsara.