Crecientes cifras de víctimas y daños, incluida otra explosión en una planta nuclear reafirman hoy la realidad de que Japón vive la peor crisis desde 1945.
En medio de frecuentes réplicas, las brigadas de socorristas continuaron las labores de rescate y evaluación de las consecuencias del sismo de 9.0 grados en la escala abierta de Richter, en tanto crecen las preocupaciones ante la escasez de productos de primera necesidad.
Los sismólogos japoneses alertaron que los temblores persistirán durante una semana, con un 70 por ciento de posibilidades hasta el miércoles de uno de hasta 7.0 grados, riesgo que después se reducirá a un 50 por ciento en algunas zonas costeras.
El primer ministro, Naoto Kan, informó en una reunión del gobierno que 15000 personas fueron rescatadas, mientras se intensifica la búsqueda de desaparecidos por estos fenómenos, ocurridos hace poco más de 72 horas.
Según las estadísticas oficiales, sólo en la prefectura de Miyagi se encontraron cerca de dos mil cadáveres, adicionales a los mil 647 muertes confirmadas por la Policía.
Mientras, entre 200 y 300 están recuperándose en Sendai, la capital de ese territorio, misión obstaculizada por el difícil acceso ante los enormes escombros.
En Minamisanriku, las autoridades tratan de establecer contacto con 10 mil de sus habitantes, la mitad de la población de esa localidad.
La Agencia de Turismo dijo que el paradero de cerca de dos mil 500 turistas que visitan las zonas afectadas por el terremoto se desconoce.
En medio de esta tragedia, cuyo costo asociado al terremoto, tsunami e incendios se calcula superior a los 100 mil millones de dólares, la cuota de alivio la aporta la solidaridad internacional, hecha realidad con la labor de las brigadas de rescate y la entrega de ayuda.