El búnker, que una vez sirvió de cuartel general a los empleados de seguridad personal de Adolf Hitler, había sido abierto a los visitantes a través de un publicitado pasillo en el hotel, localizado en el estado de Bavaria, cerca de la frontera con Austria.
Los críticos dicen que el búnker, ubicado en el lugar de vacaciones favorito de Hitler, Obersalzberg, se ha convertido en un santuario para los neonazis, que viajan para ver propaganda nazi y leyendas antisemitas escritas y talladas en sus paredes.
"No debería haber un encubrimiento, pero aún más importante, ninguna glorificación oculta o abierta del régimen nazi," dijo el ministro de Finanzas bávaro, Kurt Faltlhauser, en una declaración enviada el lunes a Reuters.
El Ministerio de Finanzas bávaro señaló que recomendó que la fiscalía estatal presente cargos criminales. También informó que el alcalde de la localidad estaba investigando si era posible retirar al hotel su licencia para operar un restaurante y vender alcohol (Reuters).