El martes el valor de la moneda europea alcanzó un récord histórico. Por vez primera superó la barrera de uno coma sesenta dólares, todo un bofetón para quienes tuvieron que cambiar ese día. "Fui al banco a cambiar seiscientos dólares y me dieron trescientos cincuenta y dos euros -comenta esta turista en Madrid-. Yo les dije: ¿estáis seguros de que es correcto?".
De la noche a la mañana, la vieja Europa ha perdido el atractivo del precio, uno de los más buscados por el turismo: "No se puede cenar por menos de setenta u ochenta dólares -se queja este ciudadano estadounidense de visita en Holanda-. No te puedes alojar en un hotel por menos de ciento cincuenta a trescientos dólares, y habló de habitaciones normales, no del Palace".
Los turistas canadienses comparten la misma preocupación que sus vecinos del sur: "No sé como pueden permitirse los precios de la comida. Un perrito caliente, por ejemplo, cuesta casi cinco euros. Allí valen unos dos dólares y medio".
Madrid, París, Amsterdam, Roma, Bruselas... el paso por estas y otras ciudades dejará este año un regusto amargo en algunos visitantes del otro lado del atlántico: "Estoy estupefacto -afirma este hombre. Estábamos acostumbrados a tener una moneda más fuerte que la de los demás países y ahora resulta que vale casi la mitad".
El sector del turismo confía en que la previsible disminución de visitantes norteamericanos se compense con el aumento de turistas de países con economías en plena expansión, como Rusia o China. (Euronews)