La llamada “campaña contra la indecencia” revela el choque cultural ocasionado por la visita de millones de turistas extranjeros al tradicional país musulmán. La operación fue lanzada después de que la policía flagró a una pareja de británicos teniendo relaciones sexuales en una playa.
En las últimas dos semanas, un total de 79 personas fueron detenidas por “perturbar a las familias” en las playas con su comportamiento, según comentó el portavoz de la policía de Dubai, Zuhair Haroun.
La ciudad instaló avisos en árabe, inglés y otras lenguas, avisando a los turistas que el topless o el cambio de ropa en público está prohibido, según dijo Abdullah Mohammed Rafia, funcionario de la prefectura de Dubai, que supervisa la acción policial en las playas.
Quien infrinja las normas por primera vez recibirá una advertencia, pero en caso de reincidir, los turistas podrán ser detenidos y demandados.
A diferencia de otros países conservadores del golfo Pérsico, en las playas de Dubai se puede ver a turistas en bikinis o shorts. El alcohol (cuyo consumo está prohibido por la religión islámica) también se vende libremente en bares y restaurantes.
Entre tanto, muchos ciudadanos de Emiratos y de otros países del Golfo creen que la ambición de Dubai por convertirse en una metrópoli y un destino cada vez más atrayente para turistas “irrespeta la tradición musulmana” y “contradice lo que sería culturalmente aceptable”
Millones de europeos y asiáticos viven y trabajan en Dubai, donde la población nativa representa apenas el 20% de la población de 1,2 millones de habitantes. Shoppings y restaurantes de comida rápida sustituyeron a las tradicionales casas árabes, y el inglés es la lengua predominante.