Y fue una jornada estupenda, presidida por un orquesta que bajo la batuta del Maestro Carlos Calleja, parece haber dejado atrás tantos conflictos y reencontrado el brillo que conoció en otros tiempos, sin caer, por cierto, en la estridencia a que puede llevar fácilmente la partitura de Adolphe Adam.
En el escenario, para esta primera noche de Giselle, se lucieron una grácil Karina Olmedo y un Alejandro Parente que puso de manifiesto la fuerza y la agilidad de sus piernas, en un escenario que le quedó chico para poder lucir toda la potencia de su baile. Recordemos que el escenario del Coliseo es un escenario de teatro, no de ballet, que cuenta con una boca amplia pero que no tiene profundidad. En este caso, para colmo, la pobre, muy pobre y oscura escenografía, retomada seguramente de alguna vieja versión, limitaba aún más los desplazamientos laterales y especialmente le quitaba profundidad a más de una escena.
Vagran Ambartsoumian, en el rol de Hilarión, nos dejó con las ganas de verlo en un Quixote, tan bien da su estampa y su manejo en el escenario, para un rol semejante.
El cuerpo estable, lució con la corrección y la gracia de siempre, muy firme, brillante por momentos en el manejo de sus pasos y quizás algo limitado en los movimientos de sus brazos, especialmente en las escenas en el bosque del segundo acto.
En definitiva, ballet de calidad, ballet del Colón. Con un público entusiasta, que colmó la sala y aplaudió, hasta con fervor, las mejores escenas de la encantadora pieza de Adam y Petipa.