Zimbabwe autorizó ciertas actividades de las organizaciones humanitarias, pero al mismo tiempo expulsó a un funcionario de derechos humanos de la ONU, a nueve días de la segunda vuelta de una enconada elección presidencial.
Prevista para el 27 de junio, la pugna enfrentará al Presidente del país, Robert Mugabe, de 84 años y en el poder desde 1980, y al líder de la oposición, Morgan Tsvangirai, de 56 años, que llegó en cabeza durante
la primera vuelta, el 29 de marzo.
En Zimbabwe
la actividad diplomática era intensa, con la presencia de un alto representante de la ONU y del Presidente sudafricano, Thabo Mbeki.
El régimen había suspendido a principios de junio la acreditación de todas las organizaciones no gubernamentales (ONGs) presentes en el país, acusándolas de "meterse en política" antes de la segunda vuelta de las elecciones presidenciales.
El anuncio de la suspensión de su acreditación había causado gran revuelo entre las organizaciones de ayuda humanitaria internacional, que habían advertido contra una "crisis humanitaria de gran alcance".
Según Naciones Unidas, más de cuatro millones de zimbabwenses -más de un tercio de la población- se benefician de programas humanitarios. El país figura asimismo entre los más afectados por el sida, con 3.000 muertes por semanas derivadas de esa enfermedad.
"La suspensión no prohíbe a las personas que se benefician de tratamientos ARV (antirretrovirales) o de asistencia médica a domicilio seguir teniendo acceso a los medicamentos y a la alimentación terapéutica (...) y la ayuda alimentaria no está concernida por la suspensión", precisó el Secretario de Estado de Salud, Sydney Mhishi.
La matización en la prohibición de las actividades de las ONGs que muestra la aclaración del funcionario, se vio sin embargo eclipsada por el anuncio de la expulsión de un funcionario del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos.
El funcionario, que había llegado a Zimbabwe el domingo, fue expulsado ayer, denunció desde Ginebra la Alta Comisionada de Derechos Humanos, Louise Arbour, lamentado "la actitud de no cooperación" del gobierno en un momento "especialmente inoportuno".
El mismo día, el Subsecretario General de la ONU para asuntos políticos encargado de África, Haile Menkerios, se había reunido con Mugabe en Harare. Tenía previsto quedarse hasta el viernes en Zimbabwe para "evaluar las condiciones en el terreno" y definir las medidas necesarias para la celebración de unas elecciones libres y justas el 27 de junio, explicó.
El régimen zimbabwense se esfuerza por quitarle importancia a su viaje, calificado de "visita de rutina en la región" por The Herald.
Paralelamente, el Presidente sudafricano, Thabo Mbeki, encargado por sus homólogos del Africa austral de mediar entre el poder y la oposición, debía viajar el miércoles a Bulawayo, la segunda ciudad del país, para entrevistarse con Mugabe.
Criticado a menudo por su "diplomacia discreta" hacia Zimbabwe, Mbeki expresó finalmente el 11 de junio su "profunda preocupación" ante "los violentos incidentes y la interrupción de las actividades electorales de algunos partidos".
La situación política se envenenó en Zimbabwe desde la derrota del régimen en las elecciones generales del 29 de marzo. No sólo el Movimiento por el Cambio Democrático (MDC, oposición) se hizo con el control de la cámara de diputados, sino que su líder, Tsvangirai, obtuvo cinco puntos de ventaja frente a Mugabe en la primera vuelta de las presidenciales.