Y es precisamente, el 2 de diciembre, cuando el Congreso -de 128 diputados de cinco partidos-, debe resolver también sobre el punto 5 del Acuerdo Tegucigalpa/San José del 30 de octubre, sobre si restituye al gobernante, derrocado por el golpe de Estado del 28 de junio.
Entre tanto, Zelaya permanecerá en la embajada, desde donde se refugia desde que regresó clandestinamente a Honduras el 21 de septiembre, en medio de la estupefacción de las autoridades de facto.
"No hay ningún plan distinto a mantenerse en la embajada de Brasil, creo que al menos hasta que pasen las elecciones estará aquí en la embajada, como símbolo", declaró en fecha reciente a la AFP su asesor Carlos Eduardo Reina vía telefónica. Tampoco se ha hablado "hasta ahora, en ningún momento, de asilo político", dijo Reina.
Sin embargo, el ejército y la policía militarizada hondureños, que blindaron la embajada, redujeron la presión y el hostigamiento de las primeras semanas, con simulacros de asalto, música estridente y zumbidos insoportable. Ahora, algunas noches usan potentes reflectores de luces para no dejarlos dormir.
En la madrugada de este sábado, los militares celebraron una fiesta en una casa vecina, con música estridente y muchas mujeres para marcar esta 'efeméride'.
De 300 personas que entraron con Zelaya en la embajada pese a la represión brutal con bombas lacrimógenas y chorros de agua de tanquetas antimotines, ahora sólo queda una veintena de partidarios, incluyendo a sus asesores.
El líder religioso que fortalecía la parte espiritual del grupo, Andrés Tamayo, tuvo que abandonar no sólo el edificio sino que regresó a su país, El Salvador. Las autoridades de facto cancelaron al religioso la carta de naturalización que le había otorgado Zelaya, aun contra la voluntad de pudientes madereros por su lucha en favor del ambiente.
Tras la negativa del régimen de restituirlo en el poder, la batalla de Zelaya se centrado en impedir la realización de las elecciones generales del 29 de noviembre.
El gobierno de facto de Roberto Micheletti las mantiene como una forma de pasar página, pero la acción del presidente constitucional ha logrado poner en entredicho el proceso y anunciado que lo impugnará.
La clave del éxito de este pulso que mantienen Micheletti y Zelaya, ambos de la misma formación, el Partido Liberal (PL), será la participación en estos comicios en que se elegirá al futuro presidente y se renovará el Congreso y los Ayuntamientos.
El pujante Frente de Resistencia contra el Golpe llamó a boicotear unas elecciones que considera "ilegítimas", después del desgastante pero infructuoso esfuerzo, hasta ahora, por la restitución del gobernante, en particular a raíz del vuelco de los Estados Unidos, que anunció que reconocerá los comicios si son "limpios y transparentes".
La última jugada de Micheletti para tratar de inclinar la balanza a su favor tratando de fortalecer los comicios fue su anuncio de retirarse temporalente del poder, del 25 de noviembre al 2 de diciembre, tras consultar a diferentes sectores de la sociedad. La decisión fue muy criticada por Zelaya, quien denunció que con ello pretende "legitimar y blanquear el golpe de Estado y ocultar la verdad y los crímenes cometidos contra el pueblo, la Constitución y la democracia". Estados Unidos, por el contrario, expresó su "satisfacción" de que Micheletti "se tome una licencia".
La Organización de Estados Americanos (OEA), que reconoce a Zelaya como gobernante y desacreditó las elecciones, definirá este lunes una posición común frente a los comicios. La mayoría de los países latinoamericanos ha adelantado que no reconocerán las elecciones si Zelaya no regresa antes de los comicios a la silla presidencial.