Con la mano sobre la Constitución española, y junto a la Biblia y a un crucifijo, José Luis Rodríguez Zapatero eligió la fórmula de la promesa, en vez de la jura, para expresar su fidelidad al cargo. Frente a él se encontraba el Rey Juan Carlos, a quien le informó tras la ceremonia el nombre de los nuevos ministros durante un despacho.
La investidura realizada ayer en el Congreso, en segunda votación, tuvo discursos parecidos a la primera. En ella, tanto el esquema como los votos se repitieron, pero los discursos cambiaron levemente. "El Gobierno responderá, no lo duden, a los efectos de la crisis mundial sobre la economía española. Lo hará con urgencia, con medidas de alcance coyuntural y con reformas y medidas a más largo plazo destinadas a dotar a nuestro país de capital humano, físico y tecnológico que necesitamos", dijo el candidato.
Su pronóstico optimista contrastó con la preocupación generalizada que la mayoría de los voceros de los partidos expresaron en el parlamento, en relación al futuro de la economía. En este sentido, el más duro fue Mariano Rajoy, el líder del PP. "El conjunto de los españoles ya están sufriendo en sus propias carnes las consecuencias de la situación de la economía española. Creo que las medidas que se han dado a conocer en esta Cámara son insuficientes, creo que no sirven y creo que no generan ni credibilidad ni confianza. Hay que gobernar, y yo espero que el Gobierno haga un esfuerzo, se tome en serio la situación de nuestra economía y pronto veamos aquí planteadas reformas estructurales", sentenció.
La breve segunda sesión de investidura, por otra parte, se destacó por la recurrencia en traer al centro del debate la idea de pactos de Estado. Zapatero habló de cuatro cuestiones que "requieren la colaboración singular de la primera fuerza de la oposición". "En primer lugar, trazar y apoyar una estrategia de lucha antiterrorista compartida por todos para terminar con ETA; para acordar una pronta renovación de los órganos constitucionales; para preparar la Presidencia española de la Unión Europea de 2010; y para consensuar las bases de la reforma de la Administración de justicia", concluyó el presidente.
Rajoy se mostró abierto al acuerdo, pero sólo coincidió en el de terrorismo, justicia y presidencia española de la UE. El líder del PP incluyó como imprescindible el Pacto de Toledo (sobre pensiones) y otro "sobre el modelo de Estado" del que Zapatero no habló. "Creemos que en estos temas, al menos el acuerdo de los dos grandes partidos es una necesidad nacional", concluyó Rajoy.