Por segunda noche consecutiva, el Primer Comando de la Capital (PCC), una de las más importantes agrupaciones del crimen organizado brasileño, realizó al menos 10 ataques a delegaciones policiales, con granadas y armas de fuego. Las agresiones desde el inicio de esta escalada fueron más de 70.
La transferencia de 765 reclusos a una nueva cárcel, a 620 kilómetros de la capital, fue la motivación de las hostilidades. Entre los presos a trasladar se encontraba Marcos William Herbas Camacho, también conocido como “Marcola”, presunto jefe del PCC. El traspaso tenía como objetivo evitar una rebelión en diversas cárceles que se suponía iba a tener lugar este fin de semana.
“Los servicios de inteligencia tienen que anticipar estas cosas para poder tomar las medidas necesarias y así prevenirlas. Éste fue un gran error”, declaró un destacado ex funcionario de seguridad pública, José Vicente Da Silva, agregando que la relación entre la policía corrupta y las bandas complica aun más la violenta situación que aqueja al estado más rico de la república federativa.
Nuevos motines, entretanto, se detectaban en otras prisiones del estado, dificultando todavía más la tarea de las autoridades, empeñadas en controlar otras instituciones.