Mal desempeño en sus funciones y negligencia son los cargos presentados hoy por el fiscal en la apertura del proceso llevado a cabo en Fort Meade, en el estado norteamericano de Maryland, contra el coronel Steven Jordan por las torturas practicadas a reos iraquíes en la prisión de Abu Ghraib.
En su alegato, el fiscal jefe John Tracy acusó a Jordan, el oficial estadounidense de más alto rango procesado por el escándalo de Abu Ghraib, de crear en la prisión una atmósfera que favorecía la tortura y humillación de prisioneros iraquíes a cargo de soldados estadounidenses de rango inferior.
El caos reinante en la prisión, dijo Tracy frente a la corte marcial, exigía un líder que aportara orden a la situación, y Jordan no estuvo a la altura de las circunstancias: “Cada vez que algo iba mal, Jordan estaba ahí, y ni siquiera fue capaz de detenerlo”.
Ese presunto fallo de Jordan, entonces a cargo del centro de interrogatorios de la prisión, desencadenó uno de los peores escándalos en la historia militar de Estados Unidos.
Las fotografías de prisioneros iraquíes desnudos, torturados, obligados a posar en posturas sexuales humillantes o amenazados por perros mientras soldados estadounidenses contemplan la escena entre risas encendieron el sentimiento antiamericano en Oriente Medio y en todo el mundo.
El abogado de Jordan, el mayor Kris Poppe, dijo a la corte que su defendido había sido impulsado por oficiales de rango superior para asumir una situación improvisada en un momento en que el Ejército se encontraba bajo presión para hacer más rápidos y productivos los resultados de sus tareas de inteligencia.
Poppe agregó que las operaciones de Abu Ghraib fueron coordinadas desde diferentes unidades, y que Jordan no tenía el mando en la prisión. Por el contrario, explicó, el oficial trabajó para mejorar la seguridad y las condiciones de trabajo de los soldados en la base, incluyendo la posibilidad de que enviaran correos electrónicos a sus hogares.
Irónicamente, fue ese medio el que los marines utilizaron para enviar fotos de las torturas a sus familias y amigos. Las imágenes recorrieron el mundo entero y desencadenaron el escándalo.
El letrado recordó que Jordan trabajó en una situación extrema, mientras la prisión era objeto de ataques con mortero cotidianos y del fuego de francotiradores.