"La policía disparó contra la multitud", informaron testigos, según Radio Free Asia (RFA). Uno de ellos afirma haber visto dos cadáveres junto al camino de peregrinación de Barkor, cerca del templo Jokhang.
La ciudad vive los peores disturbios de las dos últimas décadas tras casi una semana de protestas de cientos de monjes budistas. Éstos pretenden recordar el aniversario de la rebelión tibetana contra Pekín en 1959, que fue aplastada por el Ejército chino y acabó con la huida al exilio del Dalai Lama.
Los enfrentamientos entre las tropas chinas y los manifestantes —monjes y civiles— se reprodujeron a lo largo de la tarde. Mientras, según la organización Campaña Internacional por el Tíbet, los residentes de Lhasa están preparando nuevas protestas.
Tras recibir informaciones de tiroteos, la Embajada de EEUU en Pekín instó a sus ciudadanos a abandonar inmediatamente la capital tibetana mientras que a los residentes pequineses les pidió que extremaran las precauciones durante el fin de semana.
La delegación diplomática de Washington en la capital china ha enviado correos electrónicos a sus ciudadanos aconsejando que se alejen de la ciudad, que desde el lunes es testigo de enfrentamientos entre los monjes –de 500 a 600, según las fuentes- y las fuerzas de seguridad chinas.
Al menos una decena de monjes fueron arrestados y los tanques patrullan la plaza cerca del Palacio de Potala, según Radio Free Asia.
La emisora, que recibe financiación estadounidense, también señala que los monjes del monasterio de Sera iniciaron una huelga de hambre para demandar la salida de las fuerzas paramilitares del recinto y la puesta en libertad de los detenidos.
Pedido de Estados Unidos
El embajador de Estados Unidos en China, Clark Randt, aprovechó una reunión con funcionarios de alto rango chinos en Pekín para expresar preocupación por la violencia en Lhasa, la capital del Tíbet, dijo el portavoz Sean McCormack.
"El tomó la oportunidad, a propósito de lo que está pasando en Lhasa, de instar a la moderación por parte de los funcionarios chinos y las fuerzas de seguridad y no recurrir al uso de la fuerza para enfrentar a los manifestantes," dijo McCormack a periodistas.
Las pacíficas marchas callejeras protagonizadas por monjes budistas tibetanos durante los últimos días dieron paso a las más grandes manifestaciones que la remota región del Himalaya haya visto en casi dos décadas, con policía anti disturbios patrullando las calles sólo meses antes de las Olimpíadas de Pekín.
"Pekín debe respetar la cultura tibetana y la composición multi étnica de la sociedad. Hemos instado consistentemente al Gobierno chino a dialogar con el Dalai Lama," dijo McCormack.