El gobernador de la región autónoma de Tíbet, Qiangba Puncog, responsabilizó de la violencia de los últimos días a "manifestantes tibetanos" quienes, según él, mataron a "13 civiles inocentes" en Lhasa, capital de Tíbet. Sin embargo, el gobernador no hizo ninguna referencia a las personas que podrían haber muerto a manos de la policía y ejército, como afirman los grupos pro-tibetanos.
Por su parte, el primer ministro tibetano en el exilio, Samdhong Rinpoche, dijo el lunes en Dharamsala, al norte de India, que unas 100 personas habrían muerto en los disturbios en Tíbet, mientras el Parlamento en el exilio en esta misma ciudad se refirió en un comunicado a la probabilidad de que hubiera centenares de muertos. "Es muy difícil precisar el número de muertos, pero pienso que se acerca a 100", dijo Rinpoche.
Las autoridades chinas negaron que sus tropas dispararan para aplacar las protestas en Lhasa. Puncog explicó que el ejército sólo intervino después de las protestas, provocadas, según Pekín, por los "partidarios" del Dalai Lama, líder de los budistas tibetanos exiliado desde hace 49 años en India. El responsable de Pekín explicó que los policías no efectuaron ni un solo disparo apuntando a las personas, tan sólo tiros al aire para dispersarlas.
El gobernador insistió en que la calma está volviendo a Lhasa, en toque de queda y bajo un fuerte control militar. Trece "civiles inocentes" murieron en las protestas, dijo este responsable del Gobierno chino en una conferencia de prensa. “Puedo decir, asumiendo toda la responsabilidad, que no usamos armas letales ni abrimos fuego”.
Sin embargo, según testimonios recogidos por AFP, sí hubo tiroteos entre el viernes y el domingo, durante las manifestaciones por el 49º aniversario del alzamiento de Lhasa, los más violentas de los últimos veinte años.
Las autoridades chinas que dominan Tíbet marcaron como plazo hasta la medianoche de hoy lunes para que los tibetanos que participaron en los disturbios se entreguen y advirtieron que las personas que les den refugio serán castigadas.
Las informaciones sobre lo que realmente está pasando en Lhasa son pocas. Se sabe que la ciudad está cercada por el ejército y que las fuerzas de seguridad chinas recorren su corazón histórico, escenario de las protestas del fin de semana. Las autoridades chinas reafirman que la calma ha vuelto a la ciudad pero desaconsejan a los turistas que entren en ella por razones de seguridad. Los periodistas necesitan un permiso especial para entrar.
Además, la secretaria de Estado estadounidense, Condoleezza Rice, pidió este lunes a China que converse sobre la crisis en Tíbet con el Dalai Lama y Londres y Moscú mostraron su preocupación por lo que está ocurriendo en Lhasa.
Pese a todo, la mayoría de países occidentales consideraron contraproducente un boicot de los Juegos Olímpicos de Pekín del próximo agosto y siguieron instando a Pekín a "contenerse", pero usando un tono flexible. Este lunes, la presidencia eslovena de la Unión Europea (UE) aseguró que un boicot de los Juegos sería "muy perjudicial para el deporte" y la Comisión Europea estimó que vetar este evento deportivo en Pekín no sería la "manera apropiada" de actuar a favor de los derechos humanos en China.