Tras serios incidentes ocurridos en las primeras horas de este domingo en Trípoli-norte de Líbano- los partidarios del Gobierno y de la oposición pusieron fin a los combates que recrudecieron en esa gran ciudad de la costa norte del país.
Los enfrentamientos se iniciaron en los barrios del norte de la ciudad. Varias casas y comercios fueron incendiados y se rompieron los escaparates de muchos almacenes.
Pero horas después las patrullas del ejército comenzaron a desplegarse en la zona y la calma volvió a la ciudad. Las tropas se situaron además en una de las entradas del norte de Trípoli.
Los combates enfrentaron a partidarios sunitas de la mayoría gubernamental de Beirut con alauitas, una rama disidente de los chiitas pero leal al movimiento Hezbolá apoyado por Siria e Irán.
Sin embargo, la víspera, Hezbolá y sus aliados de la oposición dieron una señal de conciliación al empezar a retirar a sus militantes de los barrios del oeste de Beirut que tomaron el viernes.
El movimiento chiita respondió así al llamamiento del ejército, en cuyas manos el Gobierno ha dejado el restablecimiento de "la paz civil" en Líbano.
En un primer intento de lograr ese objetivo, el ejército anunció la suspensión de las recientes decisiones gubernamentales contra Hezbolá, causa de los combates entre partidarios de la mayoría y de la oposición que desde el jueves causaron 37 muertos.
"El movimiento chiita Amal anuncia que sus partidarios empezaron a retirarse de las calles de Beirut", declaró un responsable de ese partido, que es aliado de Hezbolá. Sin embargo, la misma fuente precisó que la oposición proseguirá con su movimiento de "desobediencia civil".
La oposición sitió el viernes el oeste de Beirut, controlado en parte hasta ese momento por la mayoría.
El primer ministro, Fuad Siniora, dirigió el sábado un mensaje al país en el que pidió al "ejército imponer la seguridad (...) y retirar a los hombres armados de las calles inmediatamente". Así, el ejército pidió a los hombres armados que se retiraran de las calles pero también decidió reintegrar en su puesto al jefe de la seguridad del aeropuerto, Wafic Chukair, a quien el Gobierno había destituido acusándolo de ser un hombre cercano a Hezbolá.
Asimismo, afirmó que "estudiará" la red de telecomunicaciones de Hezbolá que el Gobierno quería investigar.
La formación chiita -que considera esa red esencial para su lucha contra Israel- calificó esa iniciativa de "declaración de guerra", desencadenando así los sangrientos enfrentamientos de finales de semana.