Las autoridades tailandesas entablaron un diálogo con los manifestantes antigubernaentales que juraron "luchar hasta la muerte" para evitar ser desalojados de los aeropuertos de Bangkok, en una crisis que dejó hasta 90.000 pasajeros en tierra.
El Primer Ministro Somchai Wongsawat impuso el estado de sitio en torno a los aeropuertos pero luego dijo que quería evitar enfrentamientos sangrientos con los manifestantes, entre los que hay niños.
"El gobierno no quiere provocar ninguna violencia ni víctimas", por lo que "hay negociaciones en marcha", dijo Somchai a la prensa en Chiang Mai, ciudad del norte del país.
El Primer Ministro dijo que no "impuso un plazo" al diálogo.
Las aerolíneas empezaron a sacar a los turistas atrapados en la capital tailandesa desde una base naval, pero miles de pasajeros perdieron sus vuelos por los disturbios que perjudicaron gravemente la industria turística de este país del sudeste asiático.
El Ministro de Turismo, Weerasak Kowsurat, dijo que "unos 90.000 pasajeros no pudieron abandonar" el país del 26 al 28 de noviembre.
"No tenemos miedo. Lucharemos hasta la muerte, no nos rendiremos, estamos preparados", había amenazado Somsak Kosaisuk, uno de los principales líderes de la protesta, a una multitud de partidarios en el aeropuerto Don Mueang.
Los manifestantes contaban con un asalto nocturno de la policía y desplegaron alambre de espino en los alrededores del aeropuerto internacional Suvarnabhumi además de bloquear las carreteras que acceden a él, dijeron testigos.
Cuatro mil activistas de la opositora Alianza del Pueblo por la Democracia (PAD) -un movimiento apoyado por elementos monárquicos, por el ejército y por la élite de Bangkok- ocupan Suvarnabhumi por cuarto día, según cifras de la policía.
Otros 2.500 tomaron Don Mueang, donde el gobierno había instalado sus dependencias provisionales desde que los manifestantes tomaron su residencia en Bangkok en agosto.
Las tentativas de Somchai de afirmar su autoridad declarando el estado de excepción, autorizando acciones para desalojar los aeropuertos, parecían minadas por la intención de la policía de dialogar con los ocupantes.
"Primero lo intentaremos amablemente. La prioridad es negociar, y no reprimir con dureza inmediatamente, todos somos tailandeses", dijo el Vicecomandante regional de policía, el Teniente General Piya Sorntrakoon.
El ejército ya había comunicado que se oponía al uso de la fuerza contra los manifestantes, creando tensión entre el ejecutivo y las fuerzas armandas en un país que vivió 18 golpes de Estado desde el fin de la monarquía absoluta en 1932.
La PAD exige la dimisión, por "corrupto", de Somchai, que es el cuñado del ex Primer Ministro Thaksin Shinawatra, depuesto en septiembre de 2006 en un golpe militar y exiliado. Los simpatizantes de Thaksin volvieron al poder tras las elecciones legislativas de diciembre de 2007, las primeras tras el golpe de Estado.
Somchai buscó refugio en Chiang Mai, al norte del país, por las "tensiones" con el ejército, declaró un portavoz gubernamental, y se quedará ahí.
"Mientras haya incertidumbres en las tensiones entre el gobierno y el ejército, por su propia seguridad, el Primer Ministro permanecerá a Chiang Mai", declaró un portavoz gubernamental, Suparat Nakbunnam.
"No tiene previsto volver a Bangkok y permanecerá en Chiang Mai indefinidamente", añadió.
El ejército tailandés negó estar preparando un golpe de Estado, después de que un portavoz del gabinete pidiera a los militares que permanezcan en sus cuarteles.
Entre tanto, las aerolíneas trataban de sacar pasajeros de Tailandia desde la base naval de U-Tapao, a unos 190 km de Bangkok, que cuenta con un rudimentario aeropuerto de una sola pista que Estados Unidos usó durante la guerra de Vietnam.
"Unos 40 vuelos llegarán y saldrán de U-Tapao hoy", anunció el departamento de aviación civil.