La decisión fue un golpe duro para los esfuerzos del primer ministro iraquí, Nuri al-Maliki, para incorporar a los sunnitas y fortalecer las ganancias que se han obtenido en materia de seguridad.
El Frente Sunnita de Acuerdo Nacional retiró a sus miembros del gabinete en agosto, argumentando que no tenían suficiente voz ni voto en el proceso de toma de decisiones.
Políticos sunnitas habían declarado el mes pasado su intención de negociar con el gobierno su posible regreso como consecuencia de la lucha que lanzo al-Maliki contra milicias shiítas como el Ejército Mahdi, del clérigo extremista Muqtada al-Sadr.
"Las charlas no produjeron nada y la respuesta del gobierno no estaba en línea con nuestras demandas, así que decidimos suspenderlas", dijo Adnan al-Dulaimi, que encabeza el bloque que ocupa 44 de las 275 bancas en el parlamento.
Al-Maliki dijo el 25 de abril declaró que esperaba estar preparado para presentar una nueva lista de gabinete "en unos pocos días".
Pero funcionarios sunnitas dijeron que el acuerdo fue obstaculizado por desacuerdos internos sobre quiénes deberían ocupar cuáles puestos.