El Primer Ministro socialdemócrata Goran Persson, al frente del gobierno desde 1996, admitió su derrota ante los militantes de su partido. Asimismo anunció su renuncia como Premier y como jefe del partido social-demócrata.
"Las elecciones son un fracaso. (...) Presentaré mi renuncia y la de mi gobierno al presidente del parlamento", declaró Persson, de 57 años.
"No aceptaremos jamás la alternancia de la derecha. Volveremos. Pero ese regreso se hará sin mí", añadió.
Su rival, el líder de la oposición de centro-derecha y jefe del Partido de los Moderados, Fredrik Reinfeldt, se convertirá a sus 41 años en el próximo primer ministro de Suecia, sin ninguna experiencia previa en el poder ejecutivo y tras haber llevado a cabo su primera campaña nacional.
La derrota de la izquierda es todo un terremoto político en Suecia, donde los socialdemócratas han gobernado, solos o con sus aliados, durante 65 de los 74 últimos años, en los que han construido un Estado-providencia que combina una gran oferta de servicios sociales con un capitalismo dinámico.
"Quiero dirigir a Suecia como representante de todos los suecos", afirmó por su parte Reinfeldt, quien prometió reducir los impuestos y reformar el país poco a poco.
El bloque de centro-derecha, bautizado como la Alianza, se adjudicó el 48,1% de los votos, frente al 46,2% de los socialdemócratas y sus aliados, los Verdes y los ex comunistas, según el recuento oficial de votos del 99% de las circunscripciones.
Según la televisión sueca, el centro-derecha debería de obtener 178 diputados en el parlamento, frente a los 171 de la izquierda.
Persson se presentó a las elecciones amparado por un balance económico bastante favorable en comparación con otros países europeos, con un crecimiento del 5,6% en el segundo trimestre, excedentes presupuestarios, tasa de desempleo en descenso (5,7% en agosto) y crecimiento de las exportaciones.
Reinfeldt hizo campaña afirmando que las cifras del desempleo no reflejan el número de desocupados reales y prometió relanzar el empleo, añadiendo que el modelo sueco muestra signos de agotamiento.
Reinfeldt no pretende echar a bajo el modelo social de Suecia, pero para incitar a sus compatriotas a trabajar quiere disminuir los impuestos a quienes perciben bajos salarios y reducir los generosos subsidios concedidos a los desempleados de larga duración. Asimismo, se ha declarado favorable a la idea de realizar algunas privatizaciones.
La campaña se desarrolló en torno a problemas nacionales, como el empleo, la salud y la educación, mientras que la política europea y exterior en general apenas tuvieron relevancia. (AFP)