La bomba explotó a las 5 de la tarde cerca de la estación ferroviaria en Dehiwala, aproximadamente a 10 kilómetros al sur de Colombo, declaró el portavoz del ejército, general de brigada Udaya Nanayakkara.
Este fue el segundo ataque en cuatro días contra la población civil. El viernes pasado una bomba en el baluarte tamil de Kilinochchi mató a 16 personas.
El portavoz del grupo rebelde Rasiah Ilanthirayan no respondió a las llamadas que se le hicieron para ahondar detalles, pero los rebeldes generalmente niegan esos ataques.
La explosión voló una parte de los compartimientos del techo del tren y destrozó sus ventanas. Maletas manchadas con sangre, paraguas, anteojos y otros desechos estaban esparcidos por el compartimiento. Un funcionario ferroviario informó que los servicios de esa línea de trenes habían sido suspendidos hasta nuevo aviso.
Los rebeldes tamiles, acusados por un gran número de ataques suicidas y otras ofensivas contra los civiles, son considerados también un grupo terrorista por Estados Unidos, la Unión Europea e India.
Analistas indican que los civiles fuera del campo de batalla entre el gobierno y los rebeldes continúan siendo blancos de ataques impunes.
Si el ataque fue realizado por los rebeldes, demostrará que continúan con la capacidad para golpear dentro del territorio oficial pese al complejo de puntos de seguridad que se ha establecido alrededor de la capital y los suburbios.
"Es un patrón que continúa desde hace mucho tiempo... la muerte planeada de civiles fuera del campo de batalla. Este es uno de esos ejemplos", declaró Jehan Perera, miembro del Consejo Nacional de Paz, un grupo de expertos independientes.