Todas las noticias Archivo
www.adnmundo.com
Martes 14 de Febrero de 2012 Washington 07:22
4º / 12º
Martes, 18 de Julio de 2006 Sea el primero en comentar esta nota

Corea del Norte: Los ensayos misilísticos y su impacto en la región

Una semana después de que realizara los ensayos con los siete misiles, Corea del Norte continua como el centro de atención y de controversia. Columnista invitado: Rodger Baker.

Corea del Norte: Los ensayos misilísticos y su impacto en la región
Enviar Enviar
Imprimir Imprimir
Corrección Sugerir Corrección
Comentarios Escribir Comentarios
Anterior Annan espera que la UE contribuya con la fuerza estabilizadora en el Líbano
Siguiente Al menos 6.000 muertos en Irak en los últimos dos meses
 
Technorati Yahoo

Corea del Norte lo hizo otra vez. Una semana después de que realizara los ensayos con los siete misiles, entre ellos el de largo alcance Taepodong-2, la resolución que condena este acto, se ha demorado en el Consejo de Seguridad de la O.N.U. (CSONU), Corea del Sur está criticando a Japón por no hablar de otra cosa que del lanzamiento, Japón está discutiendo abiertamente la introducción de cambios en sus restricciones militares constitucionales, y los Estados Unidos le están pidiendo a China que utilice su capacidad de negociación para darle algo de estabilidad a la situación. Si en los días previos a julio Corea del Norte estaba muy marginada, ahora es, una vez más, el centro de atención, y también de controversia.

Corea del Norte desafió las reiteradas advertencias de los Estados Unidos, Japón, Corea del Sur e incluso Rusia y China, y lanzó no sólo uno sino siete misiles, el 5 de junio, temprano, según la hora local. La mayoría eran misiles de corto o mediano alcance Hwasong o Nodong; el primer lanzamiento estaba programado para coincidir con el del trasbordador espacial Discorevy, el Día de la Independencia, en Florida. Pero el misil que concentró la mayor atención fue el Taepodong-2, de largo alcance, que se cree puede impactar en Alaska o Hawaii.

No fue poco lo que Pyongyang logró con los lanzamientos del 5 de julio. Lo primero, y lo más importante, es que ha impactado al mundo con ensayos múltiples a la vez que se las ha arreglado para evitar una confrontación militar con los Estados Unidos. Ha podido evaluar la eficacia de las mejoras realizadas en su programa de misiles balísticos –en particular en lo que respecta a los modelos de corto y mediano alcance, que representan una amenaza más significativa a la seguridad regional que el Taepodong-2. Y una vez más ha puesto en evidencia y ha explotado las grietas en la estructura de la alianza de Washington para el noreste asiático.

Por otra parte, a causa de los desacuerdos que dilatan las acciones contra Corea del Norte en el Consejo de Seguridad de la O.N.U., China se perfila como el país que obtendrá los mayores beneficios de las acciones de Pyongyang.

El fracaso del Taepodong y el alivio de los Estados Unidos

Corea del Norte había colocado el Taepodong-2 sobre su plataforma de lanzamiento más de un mes antes del ensayo, como si hubiera querido exhibirlo para los satélites espías de los Estados Unidos y sus aviones de reconocimiento. Japón u otros países anunciaron varias veces que era inminente un lanzamiento, y en cada ocasión se alzaban las voces para detenerlos, y se oían cada vez más las amenazas expresas de los Estados Unidos y Japón, y hasta había pedidos de que se derribara el misil en vuelo e incluso de atacarlo antes de que dejara la plataforma.

Cuando finalmente el Taepodong-2 despegó poco después de las 5 a.m. hora local, más que una explosión produjo un silbido. El misil no voló sobre Japón. No puso un satélite en órbita. No constituyó una osada amenaza extraoficial de Pyongyang ni aterrizó mar adentro a la altura de Nueva York. En realidad, voló dentro de sus parámetros apenas 40 segundos, antes de partirse o sufrir algún desperfecto y cambiar de dirección. Aterrizó en el mar entre Corea del Norte, Japón y Rusia, pocos minutos después.

Pronto, la prensa internacional, observadores y funcionarios de los Estados Unidos caratularon el fracaso como un bochorno para el régimen de Corea del Norte y una demostración de que Pyongyang carece de los medios para realizar un ensayo exitoso o amenazar a los Estados Unidos. Los otros seis misiles fueron caratulados como misiles SCUD de corto alcance, algo más que mejorados, e inexactos. A la condescendencia inicial hacia la capacidad técnica de Corea del Norte se sumó la condena de los ensayos y recomendaciones contradictorias de acciones a seguir.

Pero no todos los detalles de la trayectoria del misil son claros. Según algunos informes, el misil siguió un curso normal por 40-42 segundos, se apagó y cayó al océano. Otros informes sugieren una falla catastrófica, fragmentación del cohete o un incendio. Algunas estimaciones calculan el tiempo total de vuelo en alrededor de 10 minutos, mientras que los surcoreanos dijeron que el tiempo total de vuelo fue de siete minutos –durante los cuales el misil viajó 499 kilómetros desde su lugar de lanzamiento.

Dada la información disponible, es probable que el misil sufriera daños en el sistema durante la parte más crítica y exigida del lanzamiento. Ésta es, por cierto, la versión que los Estados Unidos están proyectando, y aparentemente, con algo de alivio. En las semanas previas al lanzamiento, Washington había promocionado las fortalezas del sistema misilístico de defensa de los Estados Unidos, adelantó ensayos y advirtió que estaba claro que la opción de disparar el Taepodong-2 era una realidad que se estaba considerando. El fracaso del misil norcoreano, sin embargo, le evitó a Washington la difícil tarea de tener que decidir si llevar a término su amenaza y derribar el misil en vuelo.

Había dudas reales para actuar conforme a estas amenazas. En primer lugar, si bien Washington confiaba en el sistema misilístico de defensa, esa confianza no era total. Si Corea del Norte hubiera disparado su misil y los Estados Unidos fallaban en su intento de detenerlo, habría sido el fracaso del Departamento de Defensa de los Estados Unidos y de la Administración Bush, y un verdadero papelón. En segundo lugar, y más importante, ese fracaso podría debilitar cualquier efecto disuasivo que brinde el sistema misilístico de defensa.

Pero tal vez era aún más problemática para Washington la expectativa de éxito de un ataque al misil coreano. Primero, existe la cuestión de dónde se llevaría a cabo la intercepción, y dónde podrían caer los restos. Pero la segunda cuestión es cómo hubiera respondido Corea del Norte. Pyongyang tiene en cuenta un elemento clave cuando decide sus acciones: asegurarse que el régimen va a subsistir. Corea del Norte estructura su fuerza de defensa y proyecta una personalidad irritable con el objeto de disuadir a los Estados Unidos u otros países de atacarlos. Pero Pyongyang sabe que sus capacidades están limitadas y que, en una guerra con los Estados Unidos, al final perdería.

Aunque Corea del Norte se siente amenazada por Washington, los dirigentes de ese país no consideran que lanzar una guerra ofensiva sea un acto lógico. Los Estados Unidos superan a Corea del Norte y la aventajan en poder de fuego; lanzar una invasión a Corea del Sur o un ataque sobre Japón o los Estados Unidos tendría por resultado seguro el cambio de régimen en Pyongyang. En cambio, si Washington derribara su misil, la élite de Corea del Norte podría considerarlo como una evidencia fehaciente de acción militar inmediata de parte de los Estados Unidos –y Pyongyang podría atacar a sus vecinos para causarles todo el daño posible, con el objeto de desbaratar cualquier plan de invasión o ataque de los Estados Unidos.

Pero aun si se excluye esa reacción, permitir que su misil sea derribado por las fuerzas militares de los Estados Unidos desencadenaría gran tensión para Corea del Norte, tanto dentro de la élite como desde los sectores más amplios como el militar y la sociedad en general. El régimen se preguntaría si podría mantener la cohesión y la estabilidad sin contraatacar. Para Washington, entonces, el fracaso o el éxito de su sistema misilístico de defensa podría llevar a hostilidades abiertas en el noreste asiático. Lo mejor que Washington podría haber esperado era que el misil de Corea del Norte fallara –aun antes de que hubiera tenido que presionar el botón para interceptarlo.

Y en Pyongyang también sabían esto.

¿Lanzamiento estropeado?

Existe alguna posibilidad de que Corea del Norte estropeara el lanzamiento. Por un lado, retirar el misil luego de haberlo dejado sobre la plataforma por más de un mes se hubiera visto como una capitulación –y eso hubiera debilitado la cohesión interna del régimen. El lanzamiento se hizo necesario prácticamente ni bien se desplegó el misil (a menos que Washington hubiera cedido a los pedidos de conversaciones bilaterales de Pyongyang.

Pero por otro lado, si bien Corea del Norte siempre se ha movido cerca de los límites, ha tenido mucho cuidado de no cruzarlos. Si las pruebas con el Taepodong-2 hubieran sido exitosas, los cálculos estratégicos de Japón o de los Estados Unidos hacia Corea del Norte podrían haber cambiado. Tokio ya había advertido que si alguna parte del Taepodong-2 caía en su territorio, sería considerado como un acto de guerra. Y si bien Washington ha sido relativamente poco estricto con Corea del Norte, más allá de la retórica y la presión económica ocasional, todas las apuestas se retirarían si Corea demostrara capacidad de representar una amenaza concreta para el territorio de los Estados Unidos.

Para Pyongyang, un fracaso controlado presentaba una mejor salida que arriesgarse a un accidente o simplemente retirar el “juguete” de largo alcance. Un lanzamiento ideal hubiera sido lo mejor, pero es cuestionable si Corea del Norte en verdad creía que podría hacerlo. Después de todo, son pocos los programas espaciales que alguna vez se las arreglaron para desarrollar nuevos sistemas sin muchos fracasos en el camino.

Otros misiles y tensiones en la región

Ya sea que Pyongyang haya fracasado en su intento, o haya tenido éxito en su fracaso, el Taepodong-2 no fue el único misil que se lanzó esa mañana. Había muchos motivos detrás de los otros lanzamientos de Corea del Norte. En primer lugar, todos esperaban un lanzamiento del Taepodong-2; si Pyongyang hubiera lanzado solamente ese misil, el impacto psicológico ya se habría desvanecido. Habría poca ventaja. En segundo lugar, si los norcoreanos sabían que iban a estropear el lanzamiento del Taepodong-2, sin duda querrían demostrar algo más de su capacidad para cubrir la falla.

Finalmente, y lo más importante, Corea del Norte está tratando nuevamente de cambiar sus lanzamientos de misiles por concesiones de sus vecinos y de los Estados Unidos. Si la moratoria para los ensayos misilísticos es inevitable, este lanzamiento representaba una última oportunidad de evaluar las mejoras a los sistemas misilísticos de Corea del Norte, en particular porque el país muy rara vez prueba sus misiles balísticos. Probar seis misiles de alcance corto e intermedio Hwasong y Nodong –el grueso de la fuerza misilística de Corea del Norte– les permitiría a las fuerzas armadas del país aprender mas sobre su propia capacidad y mejoras en un solo día que lo que habían aprendido en toda la década precedente.

Estos misiles, que se han pasado por alto, son la verdadera cara de la tecnología misilística de Corea del Norte. Los misiles Nodong de Pyongyang tienen la capacidad de llegar a la mayor parte del territorio de Japón, incluso a las bases estadounidenses de Okinawa. Corea del Norte tiene más de 100 de estos misiles móviles, lo que los convierte en un producto extremadamente valioso. Y la serie Hwasong de corto alcance puede atacar en cualquier lugar de Corea del Sur y, potencialmente, en algunos lugares de Japón.

La combinación de ensayos misilísticos de corto, mediano y largo alcance contribuyen a explicar la intención política detrás de los lanzamientos del 5 de julio. Dividir cualquier coalición que se forma contra ella ha sido el aspecto clave de la política exterior de Corea del Norte. El régimen de Pyongyang ha jugado con mucha habilidad con las diferentes maneras en que los aliados trilaterales: Japón, Corea del Sur y Estados Unidos piensan su estrategia. El actual desacuerdo diplomático entre Tokio y Seúl sobre la gravedad que debería asignársele a los ensayos misilísticos de Corea del Norte es un ejemplo clave de la facilidad con que se explotan estas desavenencias. El tiempo y el esfuerzo que están empleando los Estados Unidos para convencer al mundo de que Washington y Seúl están en la misma sintonía es otro.

En el Consejo de Seguridad

En las discusiones en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, se espera que Rusia se abstenga de votar en las resoluciones para castigar a Corea del Norte –pero China también podría vetarlas, por lo tanto Tokio y Washington están demorando la votación sobre el tema. Pero aunque Moscú no participa activamente en los intentos por sancionar a Corea del Norte, las autoridades rusas encuentran su frustración con Pyongyang difícil de ocultar. De las declaraciones iniciales surge claramente, en particular en lo que respecta a la seguridad de los buques y aeronaves rusas en la zona de los ensayos, que los norcoreanos nunca se molestaron en advertir a Rusia entes de lanzar los misiles a la altura de su costa.

En medio de todo esto, China aparece como la menos perturbada por los ensayos de Corea del Norte.

Pero es posible que China haya tenido información sobre los lanzamientos. Los primeros comentarios que se atribuyen al Subsecretario de Estado de los Estados Unidos, Christopher Hill, sugieren que China fue notificada sobre los ensayos antes de que ocurrieran. Funcionarios de Beijing han respondido que tuvieron conocimiento de estos lanzamientos horas antes de que Corea del Norte los anunciara formalmente –pero aún así, días después de que los lanzamientos hubieran ocurrido. De cualquier modo, una vez más los chinos ven que el mundo se vuelve hacia ellos en busca de una solución.

Dado el estancamiento en el Consejo de Seguridad, China es el único camino posible para negociar con Corea del Norte. De hecho, el Embajador de los Estados Unidos ante la O.N.U., Richard Bolton, ha dicho que el voto del Consejo de Seguridad se demoraba para que continuara la tarea de la diplomacia a través de China. Tanto Washington como Seúl han pedido a Beijing que hable con Pyongyang, y los chinos ya han arreglado convenientemente que una delegación de un nivel relativamente alto visite Corea del Norte.

Para China, los lanzamientos de los misiles han reforzado la importancia de Beijing para los Estados Unidos e incluso para Japón. Ni Washington ni Tokio están preparadas para contraatacar a Corea del Norte –ni por los ensayos misilísticos ni por la crisis nuclear que sigue abierta. Ambos han optado por sanciones e intentos de aislar a Corea del Norte, pero esas cursos de acción requieren de la ayuda y participación de Corea del Sur y de China. Y aún cuando se contara con Seúl, China seguiría siendo el principal salvavidas de Corea del Norte. China puede debilitar cualquier intento de los Estados Unidos de aislar o castigar a Pyongyang –o puede facilitar el diálogo.

En las semanas previas a los ensayos misilísticos, Beijing había propuesto varios métodos para retomar las conversaciones sobre el programa nuclear de Corea del Norte entre las seis partes involucradas; estas conversaciones están estancadas. En esencia, Washington y Pyongyang habían desistido de ellas. En su carácter de coordinador primario y anfitrión de las conversaciones, Beijing tiene influencia sobre todos los participantes –pero las propuestas recientes de China han tenido poca acogida (aparte de la de Corea del Sur). Todo eso cambió, sin embargo, cuando Corea del Norte realmente ensayó los misiles, Washington envió a sus representantes a Beijing y ofreció la posibilidad de mantener conversaciones bilaterales con Pyongyang (lo que Corea del Norte ha exigido a fin de discutir las sanciones económicas y el bloqueo de los activos) al margen de las conversaciones de las seis partes involucradas.

No es seguro que China haya colaborado con Corea del Norte en los ensayos misilísticos, pero tampoco parece que Pyongyang estuviera segura de que los ensayos no provocarían que China se volviera contra ella. Si Beijing estuviera realmente molesta, podría hacérselo notar a Corea del Norte, de manera clara, y de muchas formas dolorosas. No lo ha hecho. En lugar de ello, los chinos han convocado a todas las partes a reanudar el diálogo, un diálogo que China facilita y que la beneficia. Mientras tanto, Corea del Norte simplemente espera y analiza el estancamiento en el Consejo de Seguridad de la O.N.U., las grietas en la alianza entre los Estados Unidos, Corea del Sur y Japón y el hecho de que la atención del mundo se ha vuelto a concentrar en Pyongyang.

Conclusión

Corea del Norte consideró que su lanzamiento del Taepodong en 1998 fue un éxito total. Sólo dos años después, Pyongyang pasó de ser un marginado internacional a estar en el centro de la actividad diplomática –con relaciones normalizadas en Europa, Canadá y Australia. El líder de Corea del Norte, Kim Jong II recibió entonces al Presidente surcoreano Kim Dae Jung en Pyongyang en ocasión de la primera cumbre ínter coreana en 2000. Corea del Norte ganó en lazos económicos y diplomáticos y comenzó a dejar atrás las limitaciones de una relación basada principalmente en la presión de los Estados Unidos y las dádivas chinas.

Esta vez, Pyongyang ve el mismo tipo de beneficios en su futuro. Se ha convertido en un experto en crear crisis artificiales, de las cuales cosecha beneficios económicos y políticas sólo a cambio de mantener el status quo.

En los últimos años, Washington ha intentado ignorar a Corea del Norte en lugar de ceder a sus ataques de furia. Después de todo, si un niño en una juguetería hace un escándalo para que sus padres le compren un juguete, comprárselo sólo alienta ese comportamiento; en cambio, esperar que el niño se calme echa por tierra el ataque de furia . O al menos, ésa es la teoría.

Pero Corea del Norte siempre tiene un as en la manga: la geografía. Si la cuestión fuera solamente entre Corea del Norte y los Estados Unidos, Pyongyang habría sido ignorada hace años. Pero si bien su Taepodong-2 falló, sus misiles regionales resultaron muy efectivos. Y ni Seúl ni Tokio pueden sentir tanta confianza como Washington de que Corea del Norte no hará nada demasiado loco si se la deja sufrir un poco. Cuando Washington hace oídos sordos, Pyongyang molesta a Tokio y Seúl –y cuando gritan, los Estados Unidos entran de nuevo en escena.

Y hasta que no se encuentre otra opción efectiva, parece que Beijing está destinada a beneficiarse, como la única voz que puede calmar la furia de Corea del Norte.

 
 
Lo + leido Lo + comentado Últimas noticias

Publicidad en adnmundo.com | 

Quiénes somos | 

Servicios Corporativos | 

Recomiéndenos | 

Archivo

Desarrollado por Esquemas.com

Todas las noticias | 

Las noticias en tu sitio | 

Las noticias resumidas | 

Contáctenos

Política Internacional y Seguridad | 

Economía y Comercio  | 

Medio Ambiente / Energía

Deportes | 

ADN Cool | 

Turismo |