Si bien en el Reino Unido, las conversaciones entre un diputado y sus constituyentes son consideradas como secreto de confesión, el diario The Sunday Times, acusó al gobierno de grabar dos conversaciones entre un diputado y uno de sus electores, preso en la cárcel.
Los dos protagonistas son el diputado Sadiq Khan, un abogado del sur de Londres de 35 años, especializado en derechos humanos y estrella ascendente del laborismo, y Babar Ahmad, un vecino y amigo suyo de la infancia acusado por EE UU de controlar varios portales de Internet que apoyan a talibanes y terroristas chechenos.
Khan hizo campaña por la liberación de Ahmad, pero su extradición parece inevitable, porque Washington y Londres tienen un acuerdo de extradición urgente de sospechosos.
El domingo se supo que la policía instaló material de escucha en la sala de entrevistas de la prisión de Woodhill, en Milton Keynes, y que grabó al menos dos entrevistas entre el diputado y su amigo en 2005 y 2006.
El caso ha indignado a los musulmanes y a numerosos diputados, y el Partido Conservador está haciendo todo lo posible para implicar al primer ministro, Gordon Brown, pero se han levantado voces también poniendo la lucha contra el terrorismo por encima.
El diputado laborista, Andrew Mackinlay, calificó de 'muy peligroso' el supuesto espionaje de Scotland Yard, pues supone 'una afrenta a la democracia que lleva todas las marcas de un régimen totalitario'.
Por su parte, el ex funcionario, Mark Kearney, que trabajó para los servicios de inteligencia, confesó haber realizado esas escuchas al parlamentario Sadid Khan por 'fuertes presiones' de Scotland Yard.
Kearney, quien reconoce ahora que no debió de haber espiado a ese miembro de la Cámara de los Comunes, cree que su vida está en peligro después de que lo sucedido se filtrara a los medios de comunicación.