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Lunes, 05 de Mayo de 2008

¿Doble comando o solo uno? El adiós de Putin a la presidencia de Rusia

¿Un presidente Jefe de Estado, un reciente ex presidente en el poder? ¿Doble comando o solo uno? Ante el incuestionable triunfo de Dimitri Medvedev que lo llevará a convertirse el próximo 7 de mayo en el nuevo Jefe de Estado ruso y la aceptación de Vladimir Putin a ocupar a partir de entonces el cargo de Primer Ministro (Jefe de Gobierno) se ofrecen distintas alternativas sobre cómo será la cohabitación entre las máximas autoridades rusas. Por Graciela Zubelzú.

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El escenario más transitado y en su versión más simple señala que el verdadero poder continuará en manos de Putin, quien culminó su segundo mandato con altos índices de respaldo de la población. El todavía presidente no sólo cuenta con popularidad sino que conoce, maneja y controla los principales resortes del poder de modo tal que numerosos funcionarios –que continuarían contando con cargos e influencia- responderían con mayor lealtad a Putin que a su sucesor. En consecuencia, Medvedev, pese a su trayectoria como alto funcionario en estos años, aparecería eternizado como una figura sumisa y de transición que consentiría permanecer a la sombra de su protector. Más aún, hay quienes preanuncian un nuevo mandato de Putin en el 2012. Es interesante saber, que éste es el escenario en el que creen mayoritariamente los propios rusos, entre el 56% y el 61% de los cuales piensan que el poder permanecerá en las manos de Putin.

Esta posibilidad está construida sobre un supuesto fuerte: el poder que Putin concentró es predominantemente personal. ¿Es tan así? ¿Y si no lo fuera?

El segundo escenario es el del doble comando y el poder dual. En los analistas éste despierta tantos interrogantes como escepticismo. Los escasos antecedentes de experiencias de este tipo, que habría que buscar en algún momento de regencia imperial, le juegan en contra. Sin embargo, el escenario del doble comando puede tener distintas variantes. Una primera variante podría ser denominada evolutiva: se parte de un solo comando (Putin) y se acepta que paulatinamente el nuevo presidente Medvedev puede ir acumulando poder si maneja con habilidad las enormes atribuciones que la constitución rusa le da y los grandes recursos con los que además cuenta para lidiar con los hombres de negocios siempre más remisos a las lealtades personales. En esta opción evolutiva podría llegarse a un poder doble equilibrado con competencias delimitadas y respetadas. Este escenario amerita algunas reflexiones adicionales en cuanto al origen del poder político, su funcionamiento y eficacia.

¿El poder político es predominantemente personal y seguirá a Putin donde quiera que se ubique? ¿O el presidente concentró poder con habilidad utilizando las amplias atribuciones constitucionales, negociando y disciplinando a grupos con poder propio? Si el poder estuviera concentrado e inmutablemente vinculado a la persona de Putin la convivencia entre él y su delfín sería difícil. Esta segunda variante supone que Medvedev buscará acumular poder propio y esta acumulación sería vista por los protagonistas y/o por el resto de la élite rusa como un juego de suma cero: lo que gane Medvedev lo iría perdiendo Putin. Las previsiones señalarían con buenas razones un escenario inestable y con problemas de gobernabilidad.

Antes de analizar la viabilidad de esta opción y de otras recordemos algunas normas constitucionales y reparto de competencias entre las máximas autoridades de Rusia. El presidente designa y releva a su Primer Ministro, el primero es elegido directamente por el pueblo, el Primer Ministro por el presidente. Pero veamos ¿cómo operaría este procedimiento con una Duma oficialista, que llevó a Putin como cabeza de lista, ante un conflicto entre ambos? Medvedev podría hacer renunciar a Putin pero la Duma le tiene que aprobar a su reemplazante en el cargo….si no hay acuerdo la inestabilidad podría alcanzar al sistema político ruso. Este escenario no parece factible.

Volvamos ahora a la cuestión de fondo: la concentración del poder político en la Rusia actual. Si bien es claro que Putin concentró recursos de poder durante sus dos períodos presidenciales, el entramado interburocrático y los grupos de presión cuentan como limitantes efectivos a la hora de creer en un ejercicio del poder excesivamente personalizado. Si pretendemos alejarnos de esta presunción y analizar el poder al interior del Kremlin tenemos que comenzar por desechar también otra mirada simplista bastante difundida: el gobierno ruso está en manos de exKGB. Es cierto que antiguos funcionarios de los servicios de inteligencia ocupan numerosos e importantes cargos tanto en la burocracia como en las empresas estatales. Sin embargo, los muros del Kremlin son testigos de diferentes ecuaciones de intereses corporativos e individuales que representan ideas variadas pero que sólo se tornan circunstancialmente excluyentes y luego vuelven a construir un precario equilibrio. Veamos algunos ejemplos de límites al poder presidencial. Putin ha encontrado grandes resistencias para llevar a cabo una reforma militar integral y reducir la autonomía presupuestaria de las FFAA. Aunque el presidente apueste a la inclusión del país en el capitalismo trasnacionalizado, la aprobación de una ley que otorgue previsibilidad a las inversiones extranjeras se demora desde el 2005 por las distintas visiones entre ministros económicos y sectores vinculados a las empresas energéticas o a la planificación estratégica. Podemos mencionar las largas presiones sobre el Presidente para que defina si el oleoducto hacia Oriente debía tener como destino China o Japón. Veamos otros obstáculos al poder real: el de la enorme maraña burocrática con capacidad de impedir o de obstaculizar las directivas del poder real.

El entramado político-económico ruso es complejo y las pujas pueden llegar a ser feroces. Sin embargo, cuando algunos acuerdos se afirman, y ahí si juega fuerte la personalidad del líder, los grupos enfrentados se alinean por un prolongado período de tiempo bajo una única autoridad de modo bastante tradicional. Esto es, aceptan su decisión y aguardan reservadamente momentos propicios para potenciar sus intereses. Es por eso que al hacer un recorrido por las instituciones y cargos de la Rusia contemporánea uno observa una clara rotación de los funcionarios al interior de la élite gobernante. Numerosos funcionarios del “liberal” Yeltsin han cambiado de cargos pero han permanecido en la esfera estatal en tiempos del “autoritario” Putin en un frecuente juego de las sillas. También es cierto que algunos, más bien pocos, han dejado el poder y han pasado a cuestionar fuertemente a la política del Kremlin.

Ahora bien, si entonces el poder presidencial es importante pero se mueve en un escenario de competencia burocrática, agencias con gran autonomía, intereses sectoriales y choques personales reveamos el escenario del doble comando.
Una tercer variante del doble comando se sustentaría en un acuerdo alcanzado antes del lanzamiento de la candidatura presidencial de Medvedev. En este acuerdo intraélite el doble comando podría funcionar de la siguiente manera: ¿Será Putin el garante de la estabilidad de un acuerdo no escrito entre los distintos grupos de poder en Rusia? ¿Ocupará un rol durante el tiempo suficiente para que su delfín se afirme en el poder alejándose entonces del cargo de Primer Ministro?

El propio Medvedev reconoció el desafío señalando que “en la historia rusa el Jefe de Estado –sin importar como se llame- nunca se ha ido para tomar un puesto secundario. Él se ha retirado o caído en desgracia3”.

Resulta claro que el escenario del doble comando sería tan novedoso como arriesgado. Sin embargo, esta perspectiva podría resultar viable y hasta exitosa como una etapa de transición y sólo si descansa en nuevos equilibrios entre los grupos de poder y en algunos acuerdos prestablecidos entre las máximas autoridades rusas.



Graciela Zubelzú


Doctora en Relaciones Internacionales, investigadora del CONICET, profesora en la Universidad Nacional de Rosario
 
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