El presidente ruso, se mostró firme en su primera cumbre del G8 ante su homólogo estadounidense, a propósito del escudo antimisiles que Washington planea instalar en Europa.
Siguiendo los pasos de su predecesor, Vladimir Putin, Medvedv, que asumió el poder en mayo, expresó sus "serias inquietudes" en torno al proyecto de escudo antimisiles en Europa y su posible despliegue en Lituania, una ex república soviética a las puertas de Rusia.
El proyecto de la base antimisiles en Lituania "es completamente inaceptable para Rusia", dijo Medvedev, cuyas declaraciones fueron transmitidas por su consejero diplomático Serguei Projodko tras la entrevista que mantuvo al comienzo de la cumbre del G8 en Toyako (norte de Japón) con Bush.
En el marco de su ambicioso proyecto de escudo antimisiles, Washington quiere instalar un potente radar en la República Checa e interceptores en Polonia, a lo que Rusia se opone visceralmente.
Ante las dificultades para cerrar un acuerdo con Varsovia, Estados Unidos inició en junio conversaciones con Lituania para saber si el país báltico aceptaría acoger los interceptores, lo que exaspera aún más a los rusos.
Rusia considera el proyecto como una amenaza directa a su seguridad, aunque Washington asegura que el objetivo no es Moscú sino los eventuales ataques de países como Irán.
Igualmente, Medvedev aseguró a Bush que Moscú, que mantiene una relación privilegiada con Teherán, hará todo lo posible para ayudar a resolver la crisis nuclear. "Rusia está dispuesta a seguir trabajando con todas las partes implicadas para alcanzar una solución", resumió Prikhodko. Moscú "impulsará por todas las vías el diálogo con Teherán, pero espera las señales correspondientes de ese país", prometió Medvedev.