Un sofocante calor enmarcó la ceremonia en que Preval recibió la banda roja y azul, retribuyendo la ovación ofrendada por los legisladores y dignatarios extranjeros presentes. Más tarde asistiría a una misa y pronunciaría un discurso.
Es éste el segundo mandato de Preval, quien lideró los destinos de Haití entre 1996 y 2001. Su gobierno recibe las riendas del establecido en carácter interino tras el derrocamiento de Jean-Bertrand Aristide.
El flamante mandatario, rodeado por guardaespaldas, tuvo tiempo para agitar el brazo en salutación a cientos de partidarios que se encolumnaban detrás de una fila de policías y efectivos de la ONU fuertemente armados. No faltaron los retratos de Aristide ni los reclamos para que éste pudiera regresar del exilio. Cánticos como “¡Aristide fue secuestrado, queremos que vuelva!” se hicieron oír en la capital del país más pobre de Occidente.
Otrora aliado de Aristide y “campeón de los pobres” –según se suele aludir a su persona-, Preval ha prometido unir el país y restaurar la paz perdida a raíz de la revuelta de febrero de 2004. A los 63 años, este agrónomo deberá enfrentarse a una corrupta burocracia, una ruinosa economía y una inseguridad creciente.
Párrafo aparte merece la situación carcelaria: Horas antes del juramento, la penitenciaría nacional, distante no más de un kilómetro del parlamento, fue escenario de una sublevación. Decenas de reclusos subieron al techo llevando algo que aparentaba ser dos cadáveres. |
 |