Una fuente policial dijo que la investigación al canciller israelí está "prácticamente concluida" y que se pudieron recolectar pruebas suficientes que apoyen su imputación por los delitos mencionados.
El caso fue transferido al Fiscal General del Estado, Menajem Mazuz, quien mantuvo una serie de reuniones con los responsables de la investigación policial, así como los detectives de la unidad de fraude que llevaron el caso.
Las investigaciones apuntan a que Lieberman dirigía un mecanismo bien engrasado a través del cual participaba incluso tras convertirse en un cargo público, y gracias al que se habría embolsado millones de dólares, señala el diario "Haaretz".
El ministro israelí y sus cómplices son sospechosos de haber establecido varias compañías con las que lavaban dinero que luego dirigían hacia sus bolsillos.
Las pesquisas también trataron de determinar si Lieberman continuó siendo una pieza clave en estas supuestas operaciones después de convertirse en funcionario público.
También se sospecha que junto a sus allegados trató de obstruir las investigaciones al menos en tres situaciones diferentes, cambiando los nombres de las compañías que supuestamente estableció en Chipre, al sospechar que la Policía le seguía la pista.
Los investigadores también lo interrogaron sobre supuestos sobornos que fueron cobrados a través de la empresa de consultoría que dirigía su hija, según la prensa local.
Asimismo, se le pidió que aclarase detalles sobre grandes cantidades de dinero recibidas de varios empresarios durante los años en los que no fue miembro del Parlamento (Kneset).
Jefe del partido derechista "Israel es Nuestro Hogar", Lieberman fue ministro de Asuntos Estratégicos en el anterior ejecutivo de Ehud Olmert, y titular de Exteriores en el actual Gobierno de Benjamín Netanyahu, cargo que asumió a finales de marzo.
Lieberman fue interrogado en varias ocasiones bajo las sospechas de cometer delitos relacionados con la corrupción, aunque por el momento no fue formalmente imputado de ningún cargo.