La carretera Panamericana Sur fue remodelada por el ex presidente Alberto Fujimori hasta convertirla en orgullo nacional. Ahora tras sufrir el embate del terremoto se ha convertido en un camino lleno de desolación y angustia. A partir de la provincia de Chincha el paisaje cambia abruptamente. Los postes de luz han caído sobre camiones y muros. Varios puentes se han derrumbado. Un mototaxista vuelca tras caerle encima una cornisa. Las paredes que todavía se mantenían en pie sucumben al paso de los grandes vehículos. Las retenciones acaban con la paciencia de los conductores, que abandonan momentáneamente el vehículo para conversar con sus compañeros de fatiga. Mientras, los vendedores ambulantes hacen su agosto. La Panamericana se ha convertido en un peregrinaje de dolor. Familiares de los desaparecidos recorren el camino para comprobar si sus allegados se encuentran entre los sepultados. La lenta espera no es fácil. «La ansiedad que siento esperando aquí, sin poder hacer nada, me está matando», dice Manuel Olgado, esperanzado por encontrar a su hijo en Pisto. «No conseguimos contactar con él desde Lima, por eso venimos. Pero confió en que solo sea un problema de las líneas», añade Olgado.
35 vuelos del Ejército Por su parte, el jefe de Gobierno, Jorge del Castillo, indicó que las autoridades están llevando ayuda a los damnificados, principalmente alimentos y agua, para cubrir las primeras necesidades, aunque reconoció los retrasos en el reparto. Del Castillo atribuyó los retrasos en los envíos por carretera «a los graves daños que sufrió la Panamerica Sur, aunque durante el día hubo al menos 35 vuelos de aviones de la Fuerza Aérea, la Policía Aérea y la Aviación Naval». Sin embargo, el puente aéreo levantado por el presidente, Alan García, ha resultado ser un completo desastre. Grandes cantidades de ayuda procedentes de otros países se amontonan en el aeropuerto esperando poder acceder a la zona. El problema es el mismo, las pistas continúan agrietadas. Esto supone que las ayudas provenientes de los países donantes acaben estancadas en el aeropuerto esperando una salida. Uno de los pocos grupos que, afortunadamente, llegaron a la zona fueron el equipo de la ONG Bomberos Sin Fronteras-España, formado por 17 personas y 30 perros adiestrados. Trabajo no les faltará; se calcula que cientos de personas continúan sepultadas, muchas de ellas vivas. En ese mismo avión, la Agencia Española de Cooperación Internacional (AECI) envió también 100 toneladas de ayuda humanitaria con tiendas de campaña, material sanitario, medicamentos y generadores de luz. Esta ayuda se sumará a las tres plantas potabilizadoras de agua que el jueves desplegó en el terreno la Embajada de España en Lima y que tienen capacidad para atender las necesidades de 3.000 personas al día. La última medida incentivada por el Gobierno peruano fue enviar 400 militares a la zona que, según su propio informe, consiguieron trasladar a 500 heridos. Por otro lado, Perú volvió a temblar ayer con un seísmo de 5,5 grados, el más intenso desde el terremoto del miércoles. Su ubicación, a tan sólo 70 kilómetros del anterior epicentro, generó el pánico entre la población de Pisco, derruida en un 70 por ciento.
400 réplicas Los peruanos se están acostumbrado a vivir con el miedo en el cuerpo. Desde el terremoto del miércoles se han presentado más de 400 réplicas de menor intensidad. Sólo ayer en Pisco se registraron cuatro movimientos superiores a los 4 grados en la escala Richter. Desde Pisco, Alan García aseguró que, gracias a la ayuda del Estado, «nadie va a morir de sed ni de hambre» en las zonas más afectadas. García prometió que los peruanos, pese a las dificultades, recibirán de forma paulatina alimentos y agua potable y advirtió de que se impondrá el orden para evitar actos de pillaje o de violencia. «Lo más urgente en este momento es enterrar a las personas fallecidas y desplazar a los heridos más graves a Lima», explicó. Asimismo, García hizo un llamamiento a los ciudadanos para que no se rindan ante la catástrofe. «Cualquier grito destemplado forma parte de la desesperación o la histeria comprensible», admitió. El terremoto dejó el miércoles al menos 510 muertos, 1.500 heridos, 16.669 viviendas destruidas y 85.000 damnificados en la costa del país andino.
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