El presidente peruano, Alan García, estudia la renuncia de su gabinete ministerial, secuela de un gran escándalo de corrupción.
El mandatario se encuentra en la disyuntiva de reestructurar el gabinete o ratificarlo, bajo el riesgo de que el Congreso lo censure, con lo que tendría que buscar reemplazantes para todos los cargos.
La renuncia colectiva, que dejó las decisiones en manos de García, fue ratificada anoche por el primer ministro, Jorge del Castillo, duramente golpeado por el escándalo desatado por la divulgación de grabaciones de conversaciones telefónicas de dos personajes oficialistas.
Los audios evidencian maniobras ilícitas para favorecer a una empresa europea a cambio de dinero y hacen referencias a una supuesta vinculación con Del Castillo, quien tuvo además contactos con al menos dos de los protagonistas de las grabaciones.
Del Castillo lanzó anoche un mensaje en el que, además de confirmar que todo el gabinete puso sus cargos a disposición del jefe de Estado, pidió serenidad al país y responsabilidad a los partidos frente a la crisis.
Tras llamar a no afectar la política guberanamental de apertura a las inversiones, lamentó que el Congreso no le hubiera permitido ayer exponer sus posiciones sobre la crisis y negó vinculación alguna con la corrupción, pese a que la mayoría cree lo contrario, según diversos sondeos.
Deploró la existencia de una “red mafiosa que ha hecho de la interceptación de comunicaciones una industria organizada y orientada a la persecución política, lo cual es inadmisible en una democracia”, en referencia a los audios.
Del Castillo fracasó en el empeño de ventilar la crisis en el Congreso, para lo cual irrumpió en el legislativo, siendo rechazado por la mayoría de las bancadas, que decidieron citarlo para el martes, cuando el pleno tiene previsto debatir una moción de censura al gabinete por el escándalo de los audios.