La Confederación General del Trabajo (CGT), verdadero motor de esta huelga que se transformó en una pesadilla para los usuarios, justificó seguir con la protesta "en tanto no haya elementos nuevos". Pero al mismo tiempo, abrió la puerta a una negociación a tres partes - sindicatos, gobierno y empresas- "para abordar el conjunto de los puntos" de la reforma.
Los empleados del transporte público en huelga interrumpieron, este miércoles, el desplazamiento ciudadano hasta dejarlo casi sin pulso, opuestos encarnizadamente a las reformas laborales y de pensiones propugnadas por Sarkozy, que las considera imperativas para frenar al declive económico de Francia.
Puntos innegociables
El primer ministro, François Fillon, insistió en que los "tres pilares" de la reforma son "innegociables", empezando por el aumento del período de cotización que da derecho a una pensión completa en los regímenes especiales de los 37,5 años actualmente a 40 años, para equipararse con los funcionarios y los trabajadores del sector privado.
Los otros dos puntos inamovibles son que las pensiones de los regímenes especiales evolucionarán al ritmo de la inflación como en el sistema general, y no al ritmo de los salarios de los empleados, y que habrá penalizaciones para los que se jubilen antes de la edad prevista o sin haber completado el periodo de cotización.
"Todo lo demás es negociable" dentro de las empresas, aseguró el jefe del Ejecutivo.
Manifestaciones
Los convocantes del paro organizaron manifestaciones en las grandes ciudades de Francia. La más numerosa fue en París, con 25.000 personas según los sindicatos, 5000 según la policía.
A los funcionarios del transporte público se unieron los estudiantes universitarios, que impidieron mediante piquetes el acceso del personal docente a los centros en protesta por las reformas de Sarkozy.
El paro comenzó el martes por la noche, cuando la red nacional de ferrocarriles franceses, la SNCF, interrumpió el servicio en la mayoría de sus líneas, y sólo mantuvo en funcionamiento 90 de sus 700 trenes.
Los empleados del transporte municipal de París se sumaron al paro el miércoles por la mañana, paralizando el servicio de trenes subterráneos y autobuses. La autopista que rodea la capital quedó congestionada con tránsito rodado incluso antes del amanecer. Otros usuarios se dirigieron a pie a sus centros de trabajo o utilizaron el nuevo sistema municipal de alquiler de bicicletas, que goza de creciente popularidad.
Igualmente, los empleados del ente público Gas y Electricidad de Francia se declararon en huelga el miércoles, amenazando con apagones selectivos para airar sus demandas sobre el plan de retiro.