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El subsecretario de Estado norteamericano llegó a Islamabad con un "mensaje duro" de Washington, que ve con aprensión cómo la crisis política desatada por el estado de excepción se alarga en Pakistán, su principal aliado en Asia contra el integrismo islamista, Sin embargo, Musharraf fue igualmente claro en su respuesta. "El presidente Musharraf dejó claro al enviado estadounidense que el estado de excepción se levantará sólo cuando mejoren la situación de la ley y el orden".
Diplomáticos occidentales habían asegurado que Negroponte iba a pedirle a Musharraf que pusiera fin "ya" al estado de excepción, que retirara las tropas de las calles, celebrara las elecciones como está previsto (legislativas de enero), liberara a los presos políticos y aflojara la presión sobre los medios de comunicación. "Es un mensaje muy duro. Le va a explicar cuál es la realidad" en Washington.
Previamente, Negroponte conversó con el general Ashfaq Kiyani, número dos en el escalafón militar por debajo de Musharraf, y según los analistas su sucesor en el Estado Mayor si éste decide por fin colgar el uniforme. "Hablaron de temas de mutuo interés y de seguridad".
Negroponte también había hablado con la líder opositora, Benazir Bhutto, que interrumpió sus negociaciones políticas con Musharraf y le pidió que abandonara el poder.
Musharraf ha prometido elecciones para el 9 de enero, pero indicó que se celebrarán bajo el estado de excepción, lo que exacerbó los ánimos de la oposición. Bhutto mantiene conversaciones con otros líderes opositores para construir un frente unido, que podría boicotear las elecciones.
Las emisiones de dos grandes cadenas televisivas privadas de Pakistán que operaban en los últimos días desde Dubai fueron suspendidas debido a la presión del régimen del presidente Musharraf, denunciaron este sábado ambos canales.
Paralelamente, el ejército anunció una gran operación "inminente" para acabar con la resistencia islamista aliada de los talibanes en el valle de Swat, cerca de la frontera con Afganistán (noroeste).
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