El secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, indicó al defender la resolución que la violencia contra las mujeres ha alcanzado en los últimos conflictos "proporciones inexplicables".
Para el magistrado José Ricardo de Prada, que fue durante tres años (2005-2007) juez internacional de la Sala de Crímenes de Guerra del Tribunal de Bosnia-Herzegovina, en Sarajevo, "la violación fue un elemento determinante para la limpieza étnica". Ricardo de Prada afirma que la resolución "es un importante paso para lograr la actualización" de la figura de la mujer en los convenios de Ginebra y otros instrumentos internacionales referidos a la guerra.
Elaborados en 1949, los convenios de Ginebra apenas se refieren a la mujer como víctima de la guerra. Ahora existe un claro consenso de que el abuso sexual la convierte en la "víctima reduplicada" del conflicto, señala el magistrado.
Añade que el texto universaliza la violación como un "acto abominable y especialmente perverso, que persigue aterrorizar a la población y con ello impide la paz". De ahí, destaca el juez, que la resolución debe impulsar ahora la elaboración de un protocolo adicional que establezca una mayor protección a la mujer como ser "especialmente vulnerable".
De momento, la importancia de la resolución 1.820 es de carácter político más que jurídico. "Lo que ha querido el Consejo de Seguridad con este texto es concienciar sobre la necesidad de luchar contra la violencia sexual durante los conflictos armados y después de ellos", señala el profesor de Derecho Internacional Público Víctor Gutiérrez.
A su juicio, "es particularmente interesante que el texto pida a la comunidad internacional que los crímenes de violencia sexual queden excluidos de las disposiciones de amnistía" y recuerde a los Estados miembros de la ONU "su obligación de enjuiciar a las personas responsables de tales actos y de poner fin a la impunidad por éstos".
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