El canciller de Brasil extendió la iniciativa de conformar un pequeño grupo que se encargara de la redacción del texto final. En el mismo se encontraban Ecuador, Colombia, República Dominicana, Paraguay, Uruguay, México y el secretario general Insulza.
La alerta cundió en todas las representaciones diplomáticas cuando empezó a circular la versión de que Ecuador presentaría su proyecto de resolución para que fuese votado en el plenario, cuestión que daría por tierra con cualquier posibilidad de hallar un consenso unánime sobre su reclamo por la violación colombiana a su soberanía.
En Washington, la hora 22.30 promediaba en la sede de la OEA, paralizada por la postura colombiana de incluir en el texto de la resolución final una mención al tema del terrorismo. Quito se oponía a dicha inclusión, ya que para su punto de vista, el dicha problemática le iba a quitar protagonismo al tema de la violación de soberanía.
El hecho de que fuese votado el texto de Ecuador implicaba algunas cuestiones. Por un lado, no sólo que Quito pierda la votación, sino también la muestra de que el mecanismo diplomático de negociaciones de la OEA fracasó, ya que en sólo dos oportunidades en los años que tiene de historia, el organismo había experimentado tal situación. También estaba en juego el prestigio político del secretario general, José Miguel Insulza, quien tiene aspiraciones políticas en su país, Chile.
La tensión en el recinto era cada vez más pronunciada, a la vez que los periodistas, tanto de Colombia como de Ecuador, especulaban frustrados por no tener noticias, en momentos en el que los diarios cierran sus ediciones. EEUU y los países del Caribe que lo secundan, estaban del lado colombiano y eso impedía el consenso.
La posibilidad de que la delegación ecuatoriana sometiera a votación su proyecto de resolución alertó a los cancilleres del continente, en especial al de Brasil. Efectivamente, Celso Amorim, quien tuvo una actuación protagónica en la jornada, mencionó la propuesta de conformar un grupo pequeño de redactores para el texto final. En dicho núcleo se encontraban Ecuador, Colombia, República Dominicana, Paraguay, Uruguay, México y el secretario general Insulza.
El aplauso brasileño
El mismo canciller Amorim, invitado para expresar opiniones, dio un vistazo al documento preparado Ecuador, en el que se recogían varias observaciones y empezó a aplaudir. Ese fue el momento clave para Quito, según la propia canciller ecuatoriana, María Isabel Salvador, lo expresó. El canciller colombiano, Fernando Araújo, miró a la delegación de EEUU, la que había entrado para expresar su oposición, y trató de decir que aún habían posiciones contrarias al texto. Pero ya era demasiado tarde.
El aplauso de Amorim desató lo que Efrén Cocíos, embajador del Ecuador ante la OEA, llama una “rebelión del continente”, frente a Estados Unidos que trabajaba arduamente a favor de Colombia y todos los cancilleres dieron por hecho que se aprobaba ese documento. La tesis ecuatoriana se había impuesto.