El presidente electo está dedicado a disfrutar de la victoria en las playas del Mediterráneo, unas vacaciones que el líder conservador considera merecidas tras la reñida campaña electoral y de cara a lo que le espera en los primeros meses de mandato.
Esas vacaciones comenzaron el mismo domingo de la victoria con una cena y una noche de estancia en un lujoso hotel y que le haya seguido una escapada en yate en pleno corazón del mar Mediterráneo ha puesto al recién elegido jefe de Estado en pleno centro de la crítica del Partido Socialista y de la ironía nacional. Tanto que Sarkozy se ha visto obligado a aclarar hoy que su viaje "no ha costado un céntimo a los contribuyentes".
Según declaró Sarkozy a Le Monde antes de las elecciones, una vez elegido presidente como cantaban las encuestas se tomaría "una decena de días para digerir la campaña" y "habitar la función presidencial", pues según decía, no le "parece demasiado".
Sin embargo, la polémica no ha saltado por el descanso, merecido o no, sino por el lujo que lo rodea. Al final, el tropel de críticas ha hecho que la decena de días se vayan a quedar reducidos a apenas tres, ya que su partido anunció ayer que volverá esta misma noche a París.
Su regreso se debe a que, según las fuentes del Unión por un Movimiento Popular, Sarkozy protagonizará junto a su antecesor, Jacques Chirac, la conmemoración del fin de la esclavitud, que tendrá lugar la mañana del próximo jueves.
Los periódicos franceses llevan a sus primeras páginas y editoriales las vacaciones de Sarkozy a bordo del yate El Paloma, de 60 metros de eslora, en aguas de Malta, adonde habían llegado en un avión privado Falcon 900 EX2, cedidos ambos por el empresario Vincente Bolloré, una de las principales fortunas de Francia. Cuando Sarkozy anunció su retiro postelectoral, la prensa apuntó que podía ser en un monasterio o en alguna tranquila finca de la isla de Córcega.
Sin embargo, los diarios publican hoy fotografías de Sarkozy en el suntuoso yate, una imagen de lujo que se une a la del domingo por la noche, cuando Sarkozy hizo un alto en un exclusivo restaurante parisino, de cuyo hotel anexo salió al día siguiente para sus vacaciones acompañado de su esposa, Cécilia.
La prensa de izquierdas, como Libération y L'Humanité alude con ironía al tipo de "retiro" escogido por el presidente electo y se pregunta si se trata del nuevo estilo y la ruptura que prometía antes de la cita con las urnas. El semanario satírico Le Canard Enchainé hace un juego de palabras con Malta para aludir al destino vacacional de Sarkozy y afirmar que "Esto empieza mal" ("Ça commence Malte"), al tiempo que alude a la fiesta privada del domingo por la noche con sus "amigos del CAC-40", que es el índice de las empresas más capitalizadas de la Bolsa de París. El nada sospechoso de izquierdismo Le Parisien habla de "escapada dorada" y a través de fotografías ilustra cómo es el yate, cuyo alquiler para tres días cuesta más de 100.000 euros, a los que hay que añadir otros 90.000 del avión privado.
El conservador Le Figaro se muestra más austero en sus comentarios, aunque da voz a un colaborador cercano a Sarkozy que admite que la salida a Malta no ha sido la mejor idea para alguien que durante la campaña ha acuñado frases como ser "el candidato del pueblo" o representar "a la Francia que madruga".
También la prensa regional dedica amplio espacio a las vacaciones y hay coincidencias en señalar que Sarkozy es alguien que admira a quienes triunfan y concede al dinero el valor de ese éxito. Políticos de izquierda y sindicatos ahondan en las críticas.
Mientras tanto, los correligionarios de Sarkozy justifican como pueden la situación y hoy el ex primer ministro Jean-Pierre Raffarin ha dicho que el presidente electo ha hecho bien en conceder unos días "de felicidad excepcional" a su familia, que es la que más sufre la "pesada carga".