Ha habido una creciente especulación sobre la posible renuncia del ex jefe del Ejército Musharraf, un firme aliado de Estados Unidos, luego de que la coalición de Gobierno liderada por el partido de la asesinada ex primera ministra Benazir Bhutto anunciara la semana pasada que planeaba impugnarlo.
El portavoz del presidente ha insistido en que Musharraf no dimitirá, sino que enfrentaría las acusaciones y describió como maliciosos los reportes sobre la inminente renuncia del mandatario, señalando que perjudicaban la economía del país.
Sin embargo, se han realizado negociaciones sobre la posible salida del presidente, según funcionarios, mientras que la prensa local reportó que un importante aliado de Pakistán, Arabia Saudita, está intentando ayudar a mediar una solución.
Un equipo de la coalición ha finalizado un borrador de impugnación y se lo entregó al ministro de Justicia para su revisión, dijo Ahsan Iqbal, miembro de comité de redacción del texto.
Iqbal es un alto funcionario del segundo mayor partido de la coalición, liderado por el ex primer ministro Nawaz Sharif.
La larga crisis que rodea al futuro de Musharraf ha provocado la preocupación de Estados Unidos y de otros aliados debido a la frágil estabilidad del país musulmán con arsenal nuclear, uno de los frentes en la campaña contra la insurgencia islámica.
Musharraf llegó al poder en un golpe de Estado en 1999. Su popularidad comenzó a evaporarse el año pasado cuando se enfrentó con el sistema judicial e impuso un estado de emergencia por seis semanas, a fin de coartar los esfuerzos de la coalición por llegar al poder y asegurarse otro período de mandato.
Iqbal aseveró que la imposición del estado de emergencia del 3 de noviembre por parte de Musharraf uno de los principales cargos de la impugnación.
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