Mercedes Sosa volvió a los escenarios en septiembre de 2005 luego de superar algunos problemas de salud y desde entonces no ha parado de hacer de cada show una ceremonia.
El concierto del miércoles en Buenos Aires fue la excepción. Ante una sala repleta, con público en los pasillos, “La Negra” recorrió las canciones de distintas etapas de su carrera, en la que conviven el folclore, el rock y el tango.
Con un vestido negro y un poncho, Sosa salió al escenario cinco minutos más tarde de lo previsto. "Buenas noches. Estoy muy feliz de cantar en este teatro. Vamos a comenzar haciendo música, que es lo que sabemos", dijo.
Arrancó Romance de la luna tucumana, poema de Yupanqui con música de Pedro Aznar. Siguió con De Buenos Aires more na, de Héctor Negro y Carmen Guzmán; la mendocina, compositora exquisita de tangos, milongas y cuecas, acompañó a Mercedes. Y Oh melancolía, de Silvio Rodríguez, marcó la primera ovación de la noche. Oh melancolía, rosa del aliento, dime quién me puede amar, preguntaba Sosa.
Luego de los primeros temas y de algunos reajustes necesarios en el sonido, la tucumana hizo ese monumento al tango que es Los mareados, de Cobián y Cadícamo.
"Le doy gracias a la vida por compartir este escenario con Mercedes", dijo la mexicana Guadalupe Pineda, que cantó en Argentina por primera vez. Y juntas hicieron la canción de Violeta Parra. Luego llegó un minisegmento rockero, con Cuando ya me empiece a quedar solo, de Charly García, y Todos los días un poco, de León Gieco.
"Es un tema que yo cantaba de chica, como si fuese un presagio de mi vida", adelantó. Se refería a La viajerita, de Yupanqui, que fue interpretada por Juan Falú; De fiesta en fiesta, de los hermanos Ríos y Carlos Carabajal, marcó el final de la primera etapa.
La segunda parte, con la Orquesta Estable del Colón, trajo versiones sinfónicas de clásicos del folclore como Zamba para no morir, La tempranera y Doña Ubenza, entre otras. Pero Un vestido y un amor, de Fito Páez, fue quizás la canción a la que mejor le quedó el vestido sinfónico, que pocas veces le sienta bien a las melodías populares.
El bis llegó con Polleritas. Y la fiesta terminó con una Mercedes Sosa de 71 años bailoteando, con las manos al cielo, haciendo nuevamente de cada show una ceremonia. El último show antes del cierre por un año del Teatro Colón por refacciones no pudo haber sido más memorable.