Los principales dirigentes religiosos cristianos y musulmanes del Líbano condenaron hoy toda clase de fanatismo y violencia, e instaron a la reconciliación entre las distintas facciones del país.
"Reiteramos nuestro compromiso hacia la unidad del pueblo, la tierra y las instituciones libanesas para mantener el sistema democrático parlamentario y la extensión de la autoridad del Estado en el territorio nacional", afirmó Mohamad al Sammak, el presidente del Comité de dialogo islámico-cristiano.
Los líderes de las 18 principales comunidades religiosas del país, convocados por el jefe del Estado, Michel Sleiman, se reunieron hoy en el palacio presidencial para intentar sacar al país del bloqueo que impide formar gobierno.
En un comunicado leído por Sammak tras el encuentro, los líderes religiosos recordaron que el acuerdo de Doha de mayo pasado, que puso fin a más de 18 meses de crisis política y a varios días de intensos combates entre facciones a lo largo del país, prohíbe recurrir a las armas para obtener ventajas políticas.
"Instamos a todas las facciones a que resuelvan sus problemas a través de las instituciones constitucionales y pongan el interés superior de la nación como su principal prioridad", siguió Sammak.
También, mostraron su apoyo al Ejército y a las fuerzas de seguridad interior para preservar la estabilidad y la seguridad en el Líbano, y al presidente Sleiman.
Además, pidieron la formación de un gobierno "lo antes posible", ya que cualquier retraso "obstaculiza el inicio del nuevo mandato".
Fuad Siniora, el primer ministro designado, aún no ha podido formar un gabinete por las diferencias entre la mayoría y la oposición parlamentarias, que han estado acompañadas de choques intermitentes entre los grupos opuestos.
Los conflictos más graves se registraron en los dos últimos días en la ciudad de Trípoli, donde al menos nueve personas han muerto y 65 más han resultado heridas, según las últimas cifras disponibles.
Los graves choques armados en Trípoli, la segunda mayor urbe del país, se apagaron ayer después de que el Ejército libanés desplegara a sus soldados en los barrios convertidos en campo de batalla desde el amanecer del domingo.
La erupción violenta es un reflejo más de que los pactos políticos, el más reciente alcanzado en mayo gracias a la mediación de Qatar, resisten poco tiempo. Los hechos demuestran que la lucha por el poder entre los partidos que buscan el apoyo de los países occidentales y los que buscan el respaldo de Siria e Irán no disminuye.