"Nosotros no hemos declarado la guerra a Hizbollah, ellos nos la han declarado a nosotros", dijo el primer ministro libanés en su primera aparición en público desde los enfrentamientos entre Hezbalá y simpatizantes de la mayoría gobernante, que causaron más de 20 muertos desde el miércoles.
Los combates se intensificaron después de que el líder de Hezbalá, Hassan Nasrallah, instara al gobierno a revocar su decisión de declarar ilegal una red de telecomunicaciones del movimiento chiita.
En su discurso, Siniora le pidió al jefe del Ejército, el general Michel Sleiman –el candidato mejor visto por todos los partidos para ocupar la Presidencia desde que ésta quedara vacante por la crisis política, en noviembre- que sus fuerzas liberen las calles de combatientes.
"Solicito al comandante en jefe que preserve la paz civil", afirmó el primer ministro, quien dió a conocer un plan de cinco puntos para tratar de calmar el conflicto, el primero consistente en paralizar temporalmente las dos medidas decretadas por el Gobierno contra Hezbalá –ilegalizar su red de comunicaciones y cesar al responsable de Seguridad del aeropuerto- que generaron la actual confrontación.
Las siguientes medidas consisten en retirar a los hombres armados de las calles, levantar el campamento de la oposición que paraliza el centro de la ciudad desde hace 17 meses y dejar la seguridad en manos del Ejército; elegir a un presidente de consenso y un gobierno de unidad nacional y discutir una nueva ley electoral en el Parlamento.
Los acontecimientos se sucedieron a toda velocidad a lo largo de la jornada y dejaron un panorama mucho más alejado del fantasma de la guerra civil, pero que todavía presenta muchas incógnitas. Al parecer, alguno medios informan que Nasrallah ha agregado nuevas demandas en las últmas horas, aunque hasta el momento no se sabe de que tratan las mismas. En tanto, Hezbalá ha anunciado la retirada de sus hombres de las calles de Beirut aceptando así la petición del jefe del Estado Mayor libanés, el general Michel Sleiman, quien ha asumido la gestión de la crisis al anunciar la revocación de las dos medidas del Gobierno que llevaron al 'Partido de Dios' a lanzarse a las calles el pasado miércoles.
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