El secuestro de dos soldados del ejército israelí fue el detonante para que, durante los meses de julio y agosto de 2006, se enfrentaran el grupo guerrillero Hezbalá e Israel en combate.
"Oh sionistas, su Ejército les está mintiendo (...) Su Ejército ha dejado partes de cuerpos de sus soldados en nuestras aldeas y campos", afirmó orgulloso Nasrallah, en un discurso fervoroso dirigido a una multitud de musulmanes chiítas reunida en el sur de Beirut por la festividad del Ashura.
"Nuestros mujaidines acostumbrados a luchar contra aquellos sionistas, los mataron y recolectaron partes de sus cuerpos. No estoy hablando sobre partes del cuerpo cualquiera. Les digo a los israelíes, tenemos las cabezas de sus soldados, tenemos manos, piernas," aseveró. “Tenemos un cadáver casi completo, desde la cabeza hasta la pelvis. ¿Qué le ha dicho el ejército israelí a la familia de este soldado?", se preguntó el líder libanés.
La denominada Segunda Guerra del Líbano dejó como saldo la muerte de más de 1.200 personas del lado libanés, la mayor parte civiles, y 160 fallecidos del lado israelí, casi todos soldados. En los 34 días que duró el conflicto, el movimiento chiíta lanzó unos 4.000 cohetes contra territorio hebreo que obligaron a un millón de personas a protegerse en refugios o huir hacia el sur del país.
"Si Israel lanza una nueva guerra contra Líbano, le prometemos un conflicto que cambiará la faz de toda la región, con la ayuda de Dios", advirtió Nasrallah, aclamado por decenas de miles de partidarios en la periferia de Beirut. El líder libanés añadió que "los israelíes no tienen un mando político y militar (capaz) de lanzar una guerra contra Líbano, pero si lo hacen, la resistencia está preparada para hacerles frente".
En octubre de 2007, Israel entregó a un prisionero y los restos de dos militantes del movimiento chiíta libanés a cambio de los restos de un israelí y de información acerca de un piloto hebreo desaparecido en Líbano en 1986.
La última aparición pública de Nasrallah tuvo lugar en septiembre de 2006, en el momento en que lideró una manifestación multitudinaria para celebrar la "victoria" contra Israel durante el conflicto, el que finalizó con una tregua negociada bajo los auspicios de la ONU. Amenazado de muerte por Israel desde entonces, el líder chiíta había evitado hasta ahora participar en conmemoraciones religiosas o actos políticos, optando por pronunciar sus discursos a través de la televisión desde algún lugar secreto.