El Presidente checo, Vaclav Klaus, firmó ya el Tratado de Lisboa, superando así el último obstáculo legal que afrontaba el texto para dar inicio a una nueva etapa de la Unión Europea, después de que el Tribunal Constitucional del país dictaminara que el documento es acorde a la Carta Magna checa. La República Checa era el único país de la UE que aún no había ratificado el tratado.
El Constitucional rechazó el recurso presentado por un grupo de 17 senadores euroescépticos contra el Tratado de Lisboa.
Tras arrancar del resto de socios de la UE importantes concesiones, Klaus se comprometió la semana pasada a aceptar el documento. Una vez que la justicia checa dictaminó que el tratado cumple con la Constitución del país, y que el euroescéptico Presidente lo firmó, el tratado no tiene obstáculos para entrar en vigor a finales de este año o principios del siguiente. Los analistas calculan que lo hará antes del 17 de noviembre, cuando se cumplen 20 años de la Revolución de Terciopelo que liberó al país del régimen comunista. Sin embargo, el Presidente francés, Nicolas Sarkozy, anunció la semana pasada tras la cumbre europea, que probablemente entrará en vigor el 1 de diciembre .
Los senadores presentaron el recurso el mes pasado alegando que el tratado amenazaba la soberanía checa. El Constitucional, que ya rechazó una petición similar presentada el año pasado, no lo ve así. El Presidente del tribunal, Pavel Rychetsky, anunció la decisión del tribunal minutos después de comenzar una audiencia sobre la apelación.
Para firmar el tratado, Klaus consiguió que la República Checa quede fuera de la Carta de Derechos Fundamentales de la UE, con el fin, según él, de evitar que los descendientes de los tres millones de alemanes que fueron expulsados de los Sudetes por las autoridades checas después de la II Guerra Mundial reclamen compensaciones ante la justicia europea.
Partidarios y críticos del Tratado de Lisboa se movilizaron frente a la sede del Constitucional en Brno. La policía expulsó de la sala del tribunal a una decena de miembros del Partido de los Ciudadanos Libres, una pequeña formación surgida al calor del euroescepticismo de Klaus, y tres integrantes del ultraderechista Partido Nacional, que acudieron a escuchar el dictamen.