El primer Gobierno de coalición de
Kenia, que simboliza el fin de la peor crisis en la historia reciente del país, se terminó de concretar cuando el dirigente de la oposición, Raila Odinga, asumió el cargo de
Primer Ministro, como había acordado con el Presidente keniano, Mwai Kibaki, que encabezó el acto.
La formación del nuevo Gobierno de coalición marca un nuevo camino para Kenia. Es el resultado de meses de negociaciones y numerosas presiones y mediaciones internacionales tras las polémicas elecciones presidenciales del 27 de diciembre. Su dudoso escrutinio y posterior resultado oficial llevaron al líder de la oposición, Raila Odinga (y a los observadores extranjeros), a denunciar el robo electoral.
Al acto acudieron representantes de los países del este de África y el ex Secretario General de la ONU y mediador de la crisis, Kofi Annan, que pidió que el acuerdo para compartir el Gobierno y reformar la Constitución se anunciara antes del 6 de abril.
Odinga, líder del Movimiento Democrático Naranja, asumió el cargo con otros 40 integrantes, de los cuales la mitad pertenecen a su partido. Excepto la Administración local, los principales puestos permanecerán bajo el control del Presidente Kibaki.
El nuevo Ejecutivo debería poner fin a la
grave crisis que vivió el país, la peor desde la independencia en 1963, y que le costó la vida a más de 1.500 personas y expulsó de sus casas a otras 600.000. Las manifestaciones de rechazo a las elecciones presidenciales degeneraron inmediatamente en un conflicto tribal. Los minoritarios luo (etnia a la que pertenece el opositor Odinga) apoyados por otras tribus menores se lanzaron en algunas zonas del país a la captura de kikuyus, la etnia mayoritaria, la del Presidente, y que tiene el poder económico y político desde la independencia del Reino Unido.