La recesión económica lleva al país peninsular a tomar una medida de carácter extremo y sería la primera nación europea en implementar esta restricción.
Un sondeo que se conocerá en el Corriere della Sera señala que el 85% de los ciudadanos de la Península no quieren que entren más extranjeros.
Más del 60% de los italianos consideran "un peligro para la seguridad" la presencia de extranjeros y el 68% cree que "la mayoría son clandestinos", lo cual es totalmente falso.
La intolerancia hacia los extranjeros, sobre todo para los más pobres y de piel oscura, desemboca cada día más en episodios de violencia física y psíquica contra los inmigrantes, que resultan indispensables para la vida italiana.
Italia cuenta con al menos 3,5 millones de extranjeros legales. Una baja taza de natalidad está provocando un envejecimiento demográfico y cientos de miles de ancianos son acompañados todo el día por personal doméstico reclutado entre los extranjeros.