La Iglesia alzó la voz y dijo que "hay que parar los extremismos" contra los inmigrantes, ya que se corre el peligro de caer en el racismo.
"No pueden dictar leyes a nadie y no pueden ser considerados como la realidad total de un pueblo", afirmó el presidente de la Conferencia Episcopal (CEI), el cardenal Angelo Bagnasco, en una entrevista que publica hoy el diario La Repubblica sobre la crisis desatada después de que varios asentamientos gitanos fueran quemados.
Por su parte, el cardenal de Turín, Severino Poletto, en declaraciones al diario Corriere della Sera, dice: "Si no vigilamos profundamente nuestro pensamiento, sin darnos cuenta podemos caer en algo de racismo". Según Poletto, los desalojos de los asentamientos gitanos no resuelven el problema.
"Hay que unir diálogo y seguridad, legalidad y educación, justicia y caridad. No creo en que la solución sea mandar las excavadoras y tirar todo. La libre circulación no está prohibida en Europa y se irán a otras partes", ha dicho.
Italia comenzó la persecución de los sin papeles y después de una operación policial de varios días detuvo a 268 inmigrantes de los que 53 nigerianos y albaneses fueron deportados inmediatamente.
Silvio Berlusconi lleva la lucha contra la delincuencia y la inmigración ilegal como uno de los pilares de su nuevo Gobierno, apoyado por los xenófobos de la Liga Norte.