La policía advirtió que acusará a los manifestantes que les arrojaron piedras afuera de un lugar donde se levantará un vertedero de basura en Chiaiano, en las afueras de la ciudad portuaria del sur del país.
Las protestas se agudizaron desde que un funcionario del gobierno diera detalles de un plan para abrir basureros en la región de Nápoles, en un esfuerzo por terminar con un problema crónico de la ciudad.
La crisis demostró la inacción de las autoridades locales y regionales, además de las nacionales, pero también del veto constante de vecinos y ecologistas a la apertura de nuevos vertederos y la construcción de incineradores.
El resultado es que Nápoles y su región, la Campania, producen mucha más basura de la que pueden procesar, y las demás regiones italianas se niegan a recibir sus desperdicios.
El primer ministro Silvio Berlusconi aprobó el miércoles un decreto en su primera reunión de gabinete desde que asumió el cargo.
El mandatario prometió tratar esta cuestión "exactamente como si fuera una emergencia causada por un terremoto o la erupción de un volcán".
De esta manera, y bajo la nueva ley, los basureros serán considerados zonas militares, otorgando poderes al Ejército para impedir que los residentes bloqueen caminos o líneas ferroviarias.