El Jefe del Ejército Israelí, General Dan Halutz, admitió públicamente por primera vez que había habido fallas en la reciente campaña contra Hezbalá en el sur del Líbano. Lo hizo en una carta a las tropas, admitiendo que se produjeron defectos en la logística militar, en las operaciones y en el mando.
Halutz escribió que "junto a los logros, el enfrentamiento descubrió defectos en varias áreas: logística, operacional y en el mando. Estamos comprometidos a una investigación cuidadosa, honesta, rápida y completa de todos los defectos y éxitos".
El General Dan Halutz designó a Kaplinsky para coordinar un número de pruebas militares internas en curso sobre algunos fracasos y defectos durante la guerra, desde la falta de claridad en las órdenes enviadas a los batallones del Norte, al fracaso en el suministro de agua y de alimento para los soldados combatientes.
"Tenemos que proceder con el examen significativo de los éxitos y los errores. Tenemos que extraer lecciones profesionales, mientras afrontamos nuevos desafíos... Estas pruebas nos conciernen a todos, desde mí hasta el último soldado".
El fin de la campaña
La causa inmediata de la guerra fue el secuestro de dos soldados israelíes, durante una incursión fronteriza de la milicia libanesa Hezbalá, durante la cual también resultaron muertos otros ocho efectivos. Israel se propuso recuperar a los dos soldados, y ese fue el objetivo constantemente predicado de la campaña en el sur de su vecino país, además de la liberación de la influencia de Hezbalá en la zona. Sin embargo, los críticos apuntan que ninguno de los dos objetivos fue alcanzado.
En esta cuestionada campaña, el Ejército israelí perdió a 116 soldados, 43 civiles también murieron por los más de 4.000 cohetes lanzados por Hezbalá.
Por otra parte, aproximadamente 1.200 libaneses murieron en el conflicto, sobre todo civiles, por los bombardeos israelíes y la invasión terrestre en el sur.