La policía y grupos extremistas de confesión protestante colaboraron estrechamente en Irlanda del Norte en la década del '90. Así lo declaró la supervisora de la policía norirlandesa, Nuala O'Loan.
Ello permitió que se cometiesen 10 asesinatos con el beneplácito de la policía. Los paramilitares protestantes servían de informantes de la policía norirlandesa que, a cambio de ello, permitía sus actividades. Los informantes, miembros de la Ulster Volunteer Force, también recibieron protección de las autoridades.
O'Loan subrayó que no se trata de limpiar lo actuado por un pequeño grupo de agentes. Según la funcionaria, un sistema como el que funcionó sólo pudo haber existido con el conocimiento de la alta jerarquía policial de Irlanda del Norte.
Un portavoz del Primer Ministro británico, Tony Blair, calificó los hechos de escandalosos y agregó que no deberían haber sucedido nunca.