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Las tensiones han empeorado en el área, una rica zona petrolera dominada por la mayoría religiosa chiíta. Gran Bretaña ha emplazado 8.000 soldados en Basora y las milicias chiítas, además de enfrentarse a los sunitas, libran combates entre ellas.
En un discurso en Basora ante unos 700 líderes tribales y religiosos, funcionarios del gobierno y oficiales del ejército, Al-Maliki prometió "usar un puño de hierro contra los líderes de pandillas o aquellos que amenazan la seguridad", aludiendo al parecer a milicias, y a grupos tribales.
Antes de que al-Maliki pronunciara su discurso, varios líderes tribales acusaron a funcionarios locales y a las fuerzas de seguridad de fomentar la violencia. En medio de las recriminaciones, el primer ministro logró calmar los ánimos al decir, "No podemos negociar cuando todos están gritando".
Al-Maliki declaró horas más tarde el estado de emergencia en Basora, dijo Sayed Muhammad al-Haidari, un alto funcionario chiíta que viajaba con el Primer Ministro. También se declaró el estado de emergencia en Bagdad, Diyala y Anbar.
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